Mañana se estrenará Un día en familia , del director nipón Hirokazu Kore-eda
"No estoy interesado en crear héroes, superhéroes o antihéroes; simplemente quiero observar a la gente tal como es." Hirokazu Kore-eda (Tokio, 1962), ya consagrado como uno de los grandes cineastas japoneses de su generación, lo ha venido haciendo en films que saben combinar la seductora intimidad del documental con la belleza formal de la ficción. Con esos elementos, su maestría para la puesta en escena, su agudísimo poder de observación y su sensibilidad para descubrir el peso de lo ausente o la elocuencia de lo no dicho, ha venido desarrollando, con el mismo bajo perfil que elige para sus historias, una obra tan sólida como personal: la obra de un humanista.
Dos titulos que fueron bien apreciados aquí alcanzan para ponderar su dimensión y su delicadeza poética. En la apasionante y movilizadora After Life o La vida después de la muerte , invitaba a la reflexión (a sus personajes y al espectador) mediante la sencilla fantasía de un limbo en el que cada recién fallecido debía elegir el instante de su vida en el que querría permanecer por toda la eternidad. En Nadie sabe , recreaba la epopeya personal de cuatro hermanitos que, abandonados por su madre, lograban sobrevivir sin la ayuda de adulto alguno.
La memoria, la pérdida, el arrepentimiento, la verdad son temas que se reiteran en sus films, el penúltimo de los cuales, Still Life (2008) será presentado mañana por IFA Cinema con el título de Un día en familia . Aunque no se trata de un relato autobiográfico, sí nació de un sentimiento personal: "Después de la muerte de mi madre, hace pocos años, me quedó la sensación de no haber estado con ella el tiempo suficiente. Ese remordimiento fue el punto de partida -ha dicho-: el film se basa en pesares que todos compartimos". Pero quería evitar cualquier sentimentalismo, de modo que prefirió concentrar toda la acción en un solo día, convencido de que aunque en apariencia nada muy relevante suceda ni haya estallidos dramáticos o conflictos manifiestos, una jornada cualquiera -en este caso, la del aniversario de la muerte accidental del hijo mayor- puede dejar ver los efectos de lo que ocurrió en el pasado y anticipar lo que sucederá en el futuro. "Creo que eso es la vida de todos los días", dice el autor del film ganador del Festival de Mar del Plata de 2008. Por eso trabaja su obra como una preciosa miniatura en la que cada situación, cada gesto, cada objeto en la imagen resultan reveladores.
A pesar de considerarlo su film más japonés (se percibe, por ejemplo, en el respeto por los ancestros o en la tradición de la reunión familiar el día en que se recuerda alguna pérdida) Kore-eda opina que su familia de ficción se parece a cualquier otra del mundo, según pudo comprobar en las proyecciones del film en Francia, Canadá y otros países: hay secretos, rencores, rencillas, cariño, competencias y el clásico desencuentro entre padres e hijos.
"Lo que quería era hacer una película en la que reconociera a mi madre -ha resumido-: no quería llorar su pérdida, sino volver a reír con ella."