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Artista, cineasta, filósofo y fiscal

En Rembrandt´s J´accuse, el autor de El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante busca resolver un crimen escondido en La ronda nocturna

Artista, cineasta, filósofo y fiscal"Este edificio es el Rijksmuseum de Amsterdam, que alberga la colección más importante de pintura holandesa. El Rijksmuseum es en la actualidad el lugar donde se exponen las pruebas de un crimen. Las autoridades deberían investigar lo ocurrido", dice la clara voz del galés Peter Greenaway, erigido fiscal, mientras la cámara se desliza de izquierda a derecha (un parsimonioso plano secuencia que atraviesa calles como si no hubiese obstáculos), cae la noche y en sentido contrario se deslizan textos con tipografía barroca con los nombres de quienes la voz asegura fueron testigos de lo ocurrido.

Se trata de Rembrandt´s J´accuse, la propuesta fuera de género del artista-cineasta galés, que desde hoy se verá en el Malba y en el Gaumont, presentada en el ciclo El documental del mes, por Bellasombra.

Sentado en un cómodo sillón de una amplia suite de Puerto Madero, oportunamente ubicado frente a una gran pantalla de TV, Greenaway piensa que durante siglos le hemos dado demasiada importancia a la palabra escrita y, en comparación, casi ninguna todavía a las imágenes. Al fin y al cabo reconoce que las palabras también son imágenes, y que las letras parten de dibujos. "La primera expresión del hombre hace dos millones de años fue un dibujo, y seguramente la última también lo será", señala con algo de ironía. Parsimonioso y muy preciso al hablar, Greenaway echa mano una y otra vez a frases cortas que juegan con el idioma, algunas de ellas célebres, sean de filósofos de diferentes momentos de la historia, como René Descartes (su "Pienso, luego existo", por ejemplo), o de Jacques Derrida ("La imagen tiene la última palabra").

El autor de obras que funcionan con la perfección de un mecanismo de relojería, sean El contrato de un pintor, Zoo, una zeta y dos ceros, El vientre de un arquitecto, El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante o Escrito en el cuerpo, entre sus muchas obras (algunas de ellas estéticamente inspiradas en Vermeer, otras no conocidas aquí), no duda en afirmar que el cine ha muerto.

"Vivimos en los tiempos de la televisión. Es más: el cine murió el 31 de septiembre de 1983, el día en que introdujeron en todos los livings del mundo el control remoto y el zapping", sentenció convencido en diálogo con LA NACION. Greenaway llegó anteayer para la presentación de su nueva propuesta documental, una obra tan experimental como todo su cine, que aborda el misterio escondido en La ronda nocturna , el más famoso óleo sobre tela de Rembrandt, considerada una de las más famosas obras de la historia del arte.

El cuadro, relata la voz del mismo cineasta apenas comienza la proyección, está expuesto en la sala mayor de un museo de Amsterdam, la ciudad donde vive el cineasta. Según su investigación, digna de un detective clásico que utiliza las técnicas de la medicina forense actual ("Como en CSI , la serie de TV", explica), el cuadro encierra, paradojalmente y a la vista de todos, las claves de un crimen que nunca fue resuelto. Hasta ahora.

La muerte del cine
En su película, parte de un proyecto más amplio que incluirá los análisis concienzudos de otras pinturas clásicas, Greenaway echa mano de muchos de los recursos con los que ya deslumbró en sus anteriores propuestas: una medida de literatura y otra más generosa de pintura, algo de arquitectura, y una pizca de biología.

Greenaway es múltiple tanto en la concepción como en la materialización de sus performances, sean teatralizaciones, textos que se deslizan sobre las imágenes, el uso del recurso de picture in picture o la presencia de cuerpos desnudos, con frecuencia viviseccionados.

La música de los italianos Marco Robino y Giovanni Sollima, como otrora la del minimalista de Michael Nyman, acompaña el ritmo reiterativo que apasiona a Greenaway, con ligeras variaciones ascendentes o descendentes, que tienen como meta inquietar al espectador.

"Con el control remoto se permitió al público seleccionar, es decir incorporar la necesidad de un cine más interactivo", es lo primero que responde cuando LA NACION pone sobre la mesa "la muerte del cine", sentencia que el artista pone en la pantalla y profundiza en sus clases magistrales (como la de anteayer en el BAC), charlas en TV (grabó una para el canal Encuentro) donde, además acostumbra a probar su talento como VJ (video jockey).

A pesar de sus finos modales, Greenaway demuestra que le gusta trasgredir: "En los tiempos que corren, la trilogía divina está conformada por el celular, la laptop y la camcorder", dice, que según su visión serían el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo modernos. Al decirlo, sonríe con picardía.

-¿Cree que es inminente una saturación de imágenes?

-¿A usted le preocupa que eso ocurra? En realidad solo usamos una parte mínima de nuestro cerebro? Me parece muy bueno que haya cada vez más imágenes.

-Cuando [Jorge Luis] Borges se refería al mundo de las imágenes, si bien no relacionadas entonces a la tecnología, hablaba del Aleph, ¿usted cree que Internet es en cierta forma aquel Aleph?

-Me parece que sí. Casualmente mañana (por ayer) me encontraré con María Kodama. Lo que ocurre es que Borges es una especie de guardián de la puerta de la biblioteca de Alejandría, es decir de todo lo que encierra el Aleph. Borges era un gran lector y sus relatos son compactos. Si hubiese escrito La guerra y la paz, de Tolstoi, no hubiese tenido 500 páginas y seguramente hubiese sido menos aburrida. Ustedes, los argentinos, tienen la fortuna de que Borges haya sido de esta misma ciudad.

-Para entender sus primeras películas se necesitaban más de dos ojos. Para ésta más todavía? ¿cuántos ojos vamos a necesitar para ver sus futuras obras?

-Para ver mi cine se necesitan tantos ojos como para caminar por la calle o cruzar en una esquina, algo que tenemos incorporado. Lo mismo ocurre al ver cierto tipo de cine. Igualmente creo que la mayoría de los cineastas de hoy no hacen más que filmar textos, como El señor de los anillos o la saga de Harry Potter. Hace mucho que se viene haciendo el mismo cine. La mayoría de los cineastas actuales filman con un ojo cerrado y una mano en la espalda. El cine debería estar a la altura de las circunstancias, es decir ser mucho más que eso.

-¿Va al cine con frecuencia?

-No. Una vez cada dos años, pero en cambio veo mucha TV. Esta es la generación de la laptop, con gente de 13 hasta 35 años que se comunican con Facebook y todas esas cosas sin intermediarios. Se habla de banda ancha, pero en realidad es muy estrecha.

-¿Qué piensa del futuro? ¿Espera algo de él?

-Lo más interesante va a ser poder grabar los sueños. ¿Usted cree que eso vaya a ser posible?

-Sí, me gusta creer en imposibles...

-Yo también creo que va a ser posible, apostaría a que sí.

Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION

Jueves 2 de setiembre de 2010

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