El frustrado debate en la Cámara de Diputados sobre las salideras bancarias exhibe la desidia del oficialismo
El fracaso por falta de quórum de la sesión de la Cámara de Diputados del miércoles pasado, en la cual debía debatirse un proyecto de ley para evitar el frecuente delito conocido como salidera bancaria, dejó en la ciudadanía una justificada decepción que es de esperar que sea reparada en lo inmediato por quienes tienen la trascendente responsabilidad de debatir los problemas del país y hacer las leyes.
Las expresiones críticas formuladas hacia la dirigencia política por Matías Piparo, hermano de Carolina, la mujer que perdió a su hijo y cuya vida corre peligro luego de un brutal ataque a la salida de un banco en La Plata, resumen mejor que nada el sentimiento que impera en la sociedad. "Nos morimos todos los días y ellos (los políticos) siguen con sus peleas infantiles", afirmó.
El miércoles último, la Cámara baja iba a considerar dos proyectos de ley presentados por legisladores de la oposición tendientes a paliar la ola delictiva. El bloque kirchnerista se negó a bajar al recinto de deliberaciones y las bancadas opositoras no pudieron lograr el número de 129 diputados, necesario para iniciar la sesión. Si bien podría decirse que es deber de los impulsores de las iniciativas garantizar el quórum, la actitud del oficialismo de rehuir un debate sobre una cuestión que angustia a la sociedad argentina sólo puede calificarse como condenable.
Diputados del kirchnerismo adujeron que su ausencia en el recinto y el bloqueo de la sesión obedeció a que estaban informados de que la oposición pretendía imponer el debate sobre la situación de Papel Prensa. Cualquiera sea la razón política de los legisladores oficialistas, el mensaje que transmitieron a la ciudadanía fue que el mayor problema de la sociedad argentina, la inseguridad, no les interesa.
En los últimos meses han arreciado los hechos delictivos llevados a cabo con inusitada violencia, al tiempo que creció la sensación de desprotección frente a esta oleada criminal.
Días atrás, el ministro de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Ricardo Casal, admitió ante senadores nacionales que los robos de autos a mano armada se han incrementado. De acuerdo con la información brindada por el funcionario, en el distrito bonaerense se roba el 5 por ciento de los autos fabricados en el país. Las cifras resultan escalofriantes: si se fabrican unos 700.000 vehículos por año quiere decir que se roban 35.000, de los cuales apenas se esclarecen 1300 casos.
Las dudas y los temores en la ciudadanía se acentuaron con la supuesta confesión que el gobernador Daniel Scioli le habría hecho al esposo de Carolina Piparo, Juan Ignacio Buzzali, en el sentido de que le tienen "atadas las manos". Sería conveniente que el mandatario provincial aclarara debidamente el alcance de esos dichos.
No menos inquietante resulta la desconfianza que merecen las fuerzas policiales en la población y una Justicia que, sea por falta de recursos suficientes, por incapacidad o por la adhesión de algunos de los magistrados a un garantismo contemplativo, en muy pocas ocasiones brinda adecuada respuesta a los padecimientos de las numerosas víctimas de la delincuencia.
A todo esto se suman las estadísticas que dan cuenta de 24 salideras bancarias por día en la Argentina. Si bien se trata sólo de una de las tantas modalidades delictivas con las cuales convive la sociedad, la puesta en marcha de medidas para prevenir esta nefasta moda resulta urgente y necesaria.
Lamentablemente queda la impresión de que algunos legisladores tienen otras prioridades que no son las de la mayoría de los ciudadanos, que seguramente sabrán castigar semejante desidia con su voto en el próximo turno electoral.