ROMA.- Sofia Coppola fue ayer la gran estrella de la Mostra. La hija del mítico Francis Ford Coppola, de 39 años, fue ovacionada por su último trabajo, Somewhere , que cautivó tanto a la prensa especializada como al público.
Ambientado en Los Angeles, el film retrata la soledad de un actor de fama que vive en un hotel de Hollywood, tiene Ferrari, mujeres y fiestas todas las noches, pero que se da cuenta de que su vida está totalmente vacía, es "la nada", como él mismo dice, cuando de repente se encuentra con su hija de 11 años. De manera inteligente, con excelente banda sonora, fotografía y dosis de humor, Somewhere muestra crudamente la falsedad existente en el mundo del show business.
Con cosas en común con Perdidos en Tokio -cuyo guión le valió a Coppola un premio Oscar-, la película tiene mucho de autobiográfico, como reconoció la directora misma en un encuentro con la prensa, en el que fue recibida con una catarata de aplausos.
"Creciendo, a mí también me tocó vivir en hoteles con mi padre y seguramente hay influencias de los recuerdos de la vida con él", reconoció Coppola, que no llegó vestida de estrella, sino de manera simple, con bermuda y camisa a rayas. Quizá también porque ayer por la mañana se largó una tormenta de impresionante fuerza sobre el Lido, que por un momento hasta inundó la sala de prensa.
Protagonista de Somewhere es Stephen Dorff, que interpreta al actor que vive dramáticamente solo en el legendario Chateau Marmont de Hollywood, donde murió por sobredosis John Belushi. Con la presencia de su hija, la talentosa Elle Fanning (hermana de la ex niña diva Dakota Fanning), éste entra en crisis existencial e inicia una transición que lo lleva al cambio.
"Creo que el personaje representa a alguien superficial, que cambia cuando encuentra algo verdadero, que es su hija", explicó la directora, que, justamente hablando de relación padre-hija, contó que a su famoso padre, que también es uno de los productores de la obra, le gustó mucho. "Me dijo que esa película solamente habría podido hacerla yo", aseguró satisfecha la cineasta, que también confesó que su reciente maternidad influyó en el trabajo.
Tributo a John Woo
La otra estrella de la jornada fue el gran director de Hong Kong John Woo, que llegó a Venecia para recibir el León de Oro a la carrera, y que regaló al público otra aventura para la pantalla grande: Reign of Assassins . Codirigida por su pupilo Su Chao-Pin, la película, proyectada en la sección Fuera de Concurso, es una suerte de western chino, con artes marciales y kung-fu, pero en clave feminista. De hecho, la protagonista, interpretada por la estrella internacional Michelle Yeoh, es una ex asesina sin escrúpulos que trata de redimirse transformándose en simple y amorosa esposa de un hombre sin arte ni parte. Aunque el destino vuelve a tocar a su puerta.
"Volví a filmar en China después de 16 años pasados en Hollywood, con un objetivo bien preciso: hacer de puente entre Oriente y Occidente. China es un país con una historia antiquísima y una gran cultura popular. Pero el mío no es un adiós: seguiré cultivando proyectos hollywoodenses", dijo Woo, autor de inolvidables películas de acción y amado en todo el mundo.
Entre decenas de otras películas, y una lluvia torrencial, en el marco de la competencia por el León de Oro también recibió aplausos -y también abucheos- la película francesa Happy Few , del joven director Anthony Cordier. Con actores muy buenos y típicamente francesa, valga la redundancia, cuenta la historia de dos matrimonios de unos treinta años que de común acuerdo deciden intercambiar pareja y se enamoran perdidamente. Duermen juntos, pasan el día juntos, juegan al squash juntos, y se embarcan en la aventura de avanzar juntos, sin mentiras y sin reglas. Pero rápidamente todo degenera en una gran confusión.
Pese a que podría ser un melodrama, la película es divertida, aunque demasiado larga (103 minutos). Y muy sobria y equilibrada a la hora de las escenas de sexo, que las hay. "Quise hacer una historia banal, porque lo que les pasa a los cuatro personajes de mi película es algo que puede sucederle a mucha gente de cualquier clase social", dijo Cordier.