El director de La Galera Encantada se mete con Pinocho y, como siempre, le da una vuelta de tuerca
Pinocho. De Carlo Collodi, en versión libre de Héctor Presa. Intérpretes: Maite Mosquera, Erica D´Alessandro, Catalina Fiaschi y Julia Sánchez. Música: Diego Lozano. Coreografía: Mecha Fernández. Vestuario: Lali Lastra. Dirección: Héctor Presa. Teatro La Galera, Humboldt 1591. Sábados y domingos, a las 16. Entrada: $ 30; menores de 2 años, $ 8. Nuestra opinión: buena.
Pinocho va y viene, alegre. Después de ir al colegio, atiende el mostrador al público de la carpintería de Geppetto. Pero comienza a demorarse cada vez más en el camino, e informa a su padre de multitudes de clientes, que no se condicen con los ingresos del negocio.
La obra del grupo La Galera Encantada sobre el clásico cuento de Carlo Collodi arranca cuando Geppetto contrata a dos detectives, de piloto y sombrero, para averiguar el paradero de Pinocho. A partir de allí se reconstruye la historia de Pinocho, seducido por las malas artes del zorro, que lo quiere vender como curiosidad a una compañía de titiriteros ambulantes.
Fiel a su estilo, Héctor Presa reescribe el relato, incorporando humor y cotidianidad, e insertándole personajes propios, con lo que cambia la mirada sobre la anécdota que constituye el núcleo de la historia. Hansel y Gretel, Robin Hood, Blancanieves, Caperucita, Cirano de Bergerac y Sandokán son algunos de los personajes que se han visto previamente en nuevas situaciones, gracias a la prolífica pluma del director de La Galera Encantada.
Ningún melodrama
La de Presa es una versión secular de Pinocho , ajena a truculencias y melodramas, en la que no hay hada madrina. Ello no quita que aborde a través de la fantasía riesgos reales de la actual vida urbana. La tentación de la vida fácil, el contacto con adultos que se presentan como amistosos, escondiendo segundas intenciones, marcan el rumbo que toma Pinocho sin preocupación alguna. También toma con liviandad la ocultación, cercana a la negación, de las dificultades económicas, que amenazan la supervivencia de los oficios tradicionales como el de carpintero, que ejerce Geppetto.
No le crece la nariz a este Pinocho, pero la mentira, sin estigmatizarla, se evidencia por sí misma con sus patas cortas. No es un pecado mortal ni irreversible, sino un modo de vida ingrato.
A pesar de la complejidad temporal que implica la visión retrospectiva de los detectives desde su indagatoria, la obra se presta al seguimiento incluso de los más pequeños, por cierta estructura de ronda repetitiva que tiene el ir y venir del muñeco de madera, en su escalada hasta la eclosión de la mentira, que termina por llevarlo temporariamente al interior de la ballena.
Como efecto buscado o no, la singularidad de que el elenco, de pareja actuación, esté formado por cuatro actrices -Maite Mosquera, Erica D´Alessandro, Catalina Fiaschi y Julia Sánchez- para representar exclusivamente personajes masculinos le otorga a la puesta en escena un aire ligero, de explicitación de la representación, del "dale que..." de los niños en sus juegos. Incluso la ballena se arma en escena, más por sugerencia del espacio que como personaje en sí.
Así, toda la trama está puesta en clave de "¿qué pasaría si mentimos...?", dejando abierta la posibilidad de pensar que es igualmente posible otro recorrido.