Kirchner ya tiene a los ministros haciendo campaña bonaerense
Randazzo, Boudou, Aníbal Fernández y Alicia acumulan reuniones y viajes proselitistas
El viento del sudeste castigaba las chapas del galpón de Monte Grande. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, recorría una muestra de autos antiguos con espíritu de campaña. Se subió enseguida a un Chevrolet del ?25 y apretó sonriente el volante: "¿Ven cómo manejamos la provincia?" Afuera llovía a mares. Terminó en un saloncito pidiéndole a la gente "confianza" en el Gobierno, porque en 2011 "la Argentina se juega todo su futuro".
A esa misma hora, Amado Boudou intentaba viajar a Tapalqué. No llegó. El viento y el agua boicotearon su hiperactividad de los viernes. No le importó. La semana que viene sumará Tapalqué a su agobiada agenda de visitas, después de un paso fugaz por Florencio Varela y antes de un encuentro con motoqueros. El ministro de Economía ya anotó vuelos a Bahía Blanca, a Tornquist y al Partido de la Costa. En todos lados pedirá "respaldo para el modelo nacional y popular".
En la Jefatura de Gabinete, Aníbal Fernández reniega un poco de los berretines territoriales. "Ya no tiene sentido ir atrás del aparato. Hay que charlar más con los referentes", dice entre sus hombres. Fernández prefiere las reuniones reservadas. Ya tuvo al menos tres con variados intendentes bonaerenses en un salón de un coqueto hotel porteño. Todas las veces repite que él también intentará ser gobernador.
Como ejecutores fieles de un plan pergeñado en Olivos, hace ya casi dos meses, todos los ministros bonaerenses del gabinete nacional empezaron a cumplir al pie de la letra las órdenes de Néstor Kirchner. "Caminen la provincia", repite el ex presidente en sus tertulias. Un mandato para multiplicar candidaturas, sumar voluntades en favor del Gobierno, repartir promesas a cambio de apoyo explícito y condicionar competidores, incluido el gobernador bonaerense, Daniel Scioli.
Randazzo, Boudou, Fernández y la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, recorren sin descanso el territorio que su jefe político eligió para conducir. Reparten anuncios, defienden "el modelo" con tono proselitista y piden "respaldo" en las elecciones, como si la campaña de 2011 ya hubiera empezado.
El viernes pasado, mientras Boudou y Randazzo peregrinaban la provincia, Alicia Kirchner apuraba en su ministerio el reparto de maquinarias a un grupo de caciques del sur del conurbano. Un par de días antes había viajado a Cañuelas, para entregar pensiones. La otra semana había hecho lo mismo en La Plata. En cada visita habla del "proyecto nacional", hace anuncios sorpresivos y nombra a cada rato a Néstor y a Cristina Kirchner. Con el pretexto de "la gestión", cuela además las obsesiones políticas de su hermano y hace saber en reserva que él seguirá de cerca los pasos de Colina, su nueva agrupación política. Por ahora, ese grupo se mueve con perfil bajo. Prometen relanzarse en un mes con ínfulas de campaña, especialmente en el conurbano.
En Monte Grande, Randazzo hizo saber que las giras políticas van en serio, que la semana que viene irá a Almirante Brown y que la siguiente estará en Lanús. "Vamos a recorrer toda la provincia", anunció. Combinó promesas con exigencias. Llevó subsidios, cascos para el programa de seguridad vial y dos camiones para tramitar documentos. Después elogió al Gobierno y pidió apoyo: "Confíen en nosotros porque el año que viene vamos a discutir si volvemos para atrás o ratificamos el proceso de transformación". Cuando todo terminó, se fue a almorzar con el intendente local para hablar de política. Como todos, Randazzo confiesa en reserva que quiere ser candidato. "Pero se verá más adelante", insiste. Algo parecido anuncia Aníbal Fernández. Lo mismo repite Boudou.
Críticas a Scioli
Aunque todos elogian a Scioli en público, en privado algunos le dedican criticas variadas. En rigor, repiten lo que dice Kirchner en Olivos. Desde que "no hace política" hasta que "no defiende con énfasis las políticas" del Gobierno. Al ex presidente le disgusta, por ejemplo, su tibia defensa de la ley de medios y del matrimonio gay. Y reniega que mida mejor en los sondeos.
Scioli se mueve como si esa desconfianza no existiera. Apuesta a los viajes, como los ministros. Tiene hasta tres visitas por día, mientras sus colaboradores hablan de una pelea de dos: les obsesiona mostrar que Francisco de Narváez es "el único adversario". Ahora aseguran que el gobernador suma el 35% de intención de voto, 9 puntos por encima de De Narváez. No citan la fuente, pero lo repiten como una verdad revelada. En La Plata suelen tener una frase de cabecera: "Al final, el único tema son los números. El resto no le importa a nadie".