El director y el autor hablan de El baile de la Victoria
Si hay algo que distingue al director español Fernando Trueba es su manera de contar y de filmar. Si hay algo que distingue al escritor chileno Antonio Skármeta es su manera de contar con la escritura, pero también de hablar. Es frecuente que el cineasta lo demuestre, sea en una entrevista, a través de la música que acostumbra a respaldar con documentales o discos, o cuando simplemente produce y dirige películas. Uno de esos relatos que lo apasionaron hace algún tiempo es El baile de la Victoria , original del escritor chileno Antonio Skármeta, que convirtió en cine en 2008, estrenó en su país en 2009, compitió representando a España por los Oscar en marzo y mañana estrenará aquí Buena Vista.
Trueba eligió esta vez a un autor chileno, a una bailarina de igual origen (la muy joven e hipnótica Miranda Bodenhofer) y a dos argentinos como protagonistas. Uno es Ricardo Darín, que compone a un célebre ladrón de guante blanco que acaba de terminar una larga condena en una prisión de las afueras de Santiago de Chile. El otro argentino es Abel Ayala (aquel recordado descubrimiento de Juan Carlos Desanzo en El p olaquito) que compone a un landronzuelo de poca monta con impactante convicción.
Con la vuelta de la democracia se decreta una amnistía general para todos los presos sin delitos de sangre. Entre ellos se encuentran el joven Angel Santiago y el veterano Nicolás Vergara Grey, un mítico ladrón de cajas fuertes, oriundo del otro lado de la cordillera de los Andes. Sus planes no pueden ser más opuestos. Mientras Vergara Grey se ilusiona con recuperar a su familia y cambiar de vida, Angel sueña con vengarse del director de la prisión y dar un gran golpe. Pero en su camino se cruza Victoria, una adolescente humilde, huérfana y muda que sueña con ingresar en el Ballet de Santiago. Los tres compartirán historias que los llevarán a enfrentarse, una vez más, con su destino de perdedores.
"La historia trata de unos seres pequeños, casi marginales, esos abandonados en las cunetas de las carreteras. Esa es su fuerza: fijarse en los perdedores y darles carta de nobleza, la posibilidad de vivir aventuras, de entregarse, de ser generosos, la grandeza de las pequeñas cosas" argumenta el cineasta español en diálogo con LA NACION.
"En 1987, cuando fui jurado en Berlín, vi una película tuya, El año de las luces , que me fascinó", le confiesa Skármeta a Trueba. "Voté por ella y ganó el Oso de Plata. Pensé que algún día Trueba podría hacer una película con alguna de mis obras. Me parecía algo remoto, un sueño. Después de acontecidos los hechos, cuando miras para atrás, todo parece tener un sentido", completa Skármeta. "Además, nos une el gusto por la música, el jazz. Fernando me regaló una grabación con las 25 versiones de «Cómo fue», mi bolero favorito, y tuvo además la gentileza versallesca de ponerlo en El baile de la Victoria ", reconoce emocionado.
El escritor le habla al amigo: "Coincido contigo tanto en la narrativa como en el cine que veo que tú haces. En cada ser humano existe lo que ese ser humano es y lo que esa persona aspira a ser. El artista tiene el talento de ubicarse en un promedio, en la realidad objetiva, la realidad real de esos personajes, pero, al mismo tiempo, en la tensión que esos personajes tienen para ser lo que quieren ser, es decir que se van produciendo poéticamente, y es ahí donde la realidad hace resistencia, con un golpe de gracia, con humor y, como tú lo haces, los personajes logran parcialmente trascender las dificultades y tener pequeños triunfos".
El también autor de obras como Soñé que la nieve ardía y La chica del trombón vive un momento muy importante de su vida, ya que al mismo tiempo que llegaba la "visión" de Trueba de uno de sus últimos relatos, en Los Angeles ya se ensayaba la versión de ópera de su relato El cartero de Neruda , que él mismo llevó al cine como Ardiente paciencia (su título original) , antes de terminar de escribirlo (lo confiesa ahora en esta charla), más tarde objeto de una segunda versión del cineasta indio Michael Radford, titulada simplemente El cartero y más de 300 teatralizaciones. En la puesta musical, adaptada por el compositor mexicano Daniel Catán, Plácido Domingo interpreta al poeta chileno que inspiró el original.
"Tengo un guión que transcurre en la Argentina, una historia bonita, pero un poco triste, remake de la norteamericana, They Won´t Believe Me , con Robert Young, de 1947", confiesa Trueba. Lo escribí hace años con David Newman, el guionista de Bonnie y Clyde , pero él murió cuando terminábamos la versión final. Me gustaría hacerla", asegura.
"Viví tres años en la Argentina cuando era un niño, y fueron los mejores de mi vida porque descubrí la vida de barrio, viviendo en una pensión de la calle Mendoza del barrio de Belgrano", recuerda Skármeta. "Fue un tiempo de iluminación y fraternidad, y cuando regresé a mi patria lo hice con el alma destrozada", amplía. "Tengo un guión que he escrito, evocando un episodio de entonces, cuando constituimos un equipo de fútbol con chicos de entre 11 y 12 años. Un vecino del barrio quiso profesionalizarnos, nos compró tricotas naranjas, botines y organizó un torneo en una canchita y nos dijo que un veedor, un cazatalentos, vendría a vernos en un partido. Mi puesto era de arquero. El título del cuento que acaba de salir en la revista colombiana SoHo [N. de R.: www.soho.com.co/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=11424 ], es muy significativo: Catorce a cero ", concluye, con una sonrisa.
Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION