¿Es "casualidad" o "causalidad"? El hecho de que los empresarios de la Unión Industrial hayan boicoteado hace dos semanas la reunión en la cual la Presidenta arremetió contra Papel Prensa y otros episodios aparentemente diferentes como la embestida de Hugo y Pablo Moyano contra plantas industriales, entre ellas Siderar del grupo Techint, y la reanudación de la ofensiva del tándem Moyano-Recalde en el Congreso para promover justo ahora la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas, a la cual el presidente de la UIA Héctor Méndez vinculó con la búsqueda un país "que se parezca a Cuba", ¿han de considerarse como casos aislados o forman parte al contrario de una acción coordinada del oficialismo contra la clase empresaria? ¿Son "islas" sueltas o un verdadero "archipiélago"?
Según el diputado Juan Carlos Vega, militante por los derechos humanos que acaba de acusar al Gobierno de utilizarlos desprejuiciadamente como un arma al servicio del ataque a Papel Prensa, Kirchner tiene una concepción "bélica" de la política. De acuerdo con esta hipótesis, el ex presidente no percibe a cada uno de los conflictos que él mismo genera como acontecimientos aislados sino como batallas de una única "guerra": la del poder. Desde la visión de Vega, el Gobierno ve a cada uno de estos conflictos, en apariencia distantes entre sí, como las fases de un único proceso. Así parece haberlo confirmado la propia Presidenta anteayer, cuando apoyó abiertamente la rebelión de tres grupos de estudiantes secundarios contra Mauricio Macri. Ya se llamen Moyano o Recalde, ya sean los estudiantes radicalizados del Poder Obrero, la Cámpora o la agrupación chavista "Lobo Suelto", todos ellos servirían, según esta visión, como las pinzas de un despliegue "bélico" alentado por Kirchner en su búsqueda del poder total.
De acuerdo con esta interpretación, ¿habría que suponer entonces que Kirchner acaba de incluir a la Unión Industrial junto al ruralismo, la oposición en general y Macri en particular, en la creciente lista de sus enemigos? Pero en este amplio conjunto, ¿habría que suponer además que, en tanto que incluye a todos sus enemigos por igual, Kirchner iguala también a sus amigos? Esta pregunta vale particularmente para Hugo Moyano. Su poder, que no ha cesado de aumentar, ¿lo deja todavía entre los subordinados a Kirchner o lo pone, al contrario, en un pie de igualdad con su presunto jefe?
Lo mismo que otros dirigentes tenidos por incondicionales de Kirchner como los gobernadores del Noroeste y de Buenos Aires y algunos intendentes del Gran Buenos Aires, ¿no esconden quizás Moyano y los demás en sus alforjas la daga de la traición, un arma que sacarían a relucir sólo cuando el kirchnerismo se empezara a debilitar? ¿Qué le quita en todo caso el sueño al ex presidente? ¿Una oposición aún dispersa o la sospechosa disciplina de sus principales seguidores?