Los restos de la genial escritora fueron inhumados en el cementerio de la Chacarita; cientos de personas entonaron sus obras en el adiós
Las nubes amenazaban con convertirse en lluvia, los aplausos habían cedido, los presentes miraban fijo el féretro, ubicado en la puerta del panteón de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic) del cementerio de la Chacarita. Un sonido, que comenzó casi como un suspiro, fue creciendo y se convirtió en un canto, un canto entonado por todos los presentes.
"Tantas veces me mataron, tantas veces me morí y sin embargo sigo aquí resucitando." Con la voz entrecortada y los ojos húmedos, quienes ayer se acercaron para darle el último adiós a María Elena Walsh lo hicieron con los versos de Como la cigarra , una de sus canciones más emblemáticas. Y también con Manuelita, la tortuga .
No podía haber sido una mejor despedida. Con esas composiciones que quedaron grabadas a fuego en la memoria de millones de argentinos que crecieron junto a ellas, y que ya de adultos las recuerdan como uno de los tesoros más entrañables que trascienden la infancia.
Familiares, amigos y personalidades de la cultura estuvieron presentes en el último adiós a Walsh, cuyos restos fueron inhumados en el panteón de Sadaic. Entre los asistentes se encontraban miembros de esa entidad, como Eduardo Falú, Raúl Garello, Ramón Navarro, Teresa Parodi y Miguel Loubet; la fotógrafa Sara Facio, compañera de varias décadas de Walsh; la editora Hilda Suárez, el ex intendente Facundo Suárez Lastra, la ex embajadora Lillian O'Connell de Alurralde, la actriz Virginia Lago y el escritor Leopoldo Brizuela.
A las 11.35, el cortejo fúnebre ingresó al cementerio. Entre las muchas coronas de flores se encontraban las enviadas por la presidenta Cristina Fernández y por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli.
Minutos después se realizó una ceremonia religiosa. El féretro conservaba aún en su parte superior la manta norteña tejida que había sido colocada durante el velatorio. Según Fernanda Maqueira, de Editorial Alfaguara, Walsh lo había pedido en una de sus canciones: "Tápenme cuando me muera por una manta tejida por mis paisanas", decía en su obra La paciencia pobrecita .
También sobre el féretro se colocó un papel con una canción y una foto de María Elena, y algunos pequeños ramos de flores blancos y rojos; entre ellos, uno que decía "Sara".
Cientos de admiradores aplaudieron la llegada de los restos al panteón; unos cuantos gritaron simplemente "Gracias".
Pérdida
Luego, Víctor Llanos Castillo leyó unas palabras en nombre del presidente de Sadaic, Atilio Stampone.
"No sólo Sadaic ha perdido a su ilustre socia, sino el país ha perdido a una de las más grandes figuras de la cultura nacional, cuya obra trascendió ampliamente nuestras fronteras", afirmó, mientras muchos de los asistentes a la ceremonia se acercaban para dejar flores y cartas.
También habló el compositor Eduardo Falú, vicepresidente de Sadaic, que además de reconocer el valor cultural de Walsh recordó su prolongada enfermedad e hizo mención del compromiso político y social. "No fue ni de derecha ni de izquierda, pero siempre tuvo el valor de levantar su voz en contra de las dictaduras y los dictadores a través de la poesía, del humor. Descanse en paz, María Elena", sostuvo Falú.
Frente al panteón, un grupo de mujeres comenzó en voz muy baja a tararear fragmentos de Como la cigarra . El canto se fue haciendo más audible y poco a poco el resto se sumó con parte de El jacarandá y algunas estrofas de Manuelita . Luego, en medio de nuevos aplausos, el féretro fue trasladado al interior del panteón.
"Nos deja una obra maravillosa", resumió su entrañable amiga y reconocida autora Teresa Parodi.
Ese reconocimiento fue denominador común en todos los presentes. "Nos enseñó a pensar", afirmó Silvana García Caffi, otra de las amigas de Walsh. "El cancionero que nos dejó ya forma parte del patrimonio de los argentinos", dijo Eduardo Cogorno, del Cuarteto Zupay.
Así, arrullada por sus propios versos, Walsh recibió ayer su último adiós.