La pequeña producción agrícola representa el 66% de las explotaciones agropecuarias; se asegura que son altamente eficientes.
ARMSTRONG, Santa Fé (De una enviada especial).- El desvelo del Gobierno por mantener a raya los precios del mercado interno y potenciar el perfil agroexportador del país pareciera no confluir en un sueño nacional.
Sin embargo, un organismo del Estado -el INTA- está trabajando en la publicación de la primera guía de la agroindustria de la Argentina, una herramienta de soporte para las misiones comerciales al exterior y, paralelamente, en potenciar a la agricultura familiar como proveedor antiinflacionario del mercado interno.
La base de este potencial salvataje de algunos bolsillos argentinos no es para nada menor: La Pequeña Agricultura Familiar (PAF) representa el 66% de las explotaciones agropecuarias nacionales; se queda con el 19% de los ingresos totales, explotando tan sólo el 20% de la superficie. "Esto demuestra su alto grado de eficiencia", señaló Gustavo Tito, director para la región pampeana del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Pequeña Agricultura Familiar (IPAF).
"En un país que necesita alimentos sanos para la población hay un agujero que este sector puede cubrir. Además, el desarrollo de la economía local es antiinflacionario al abastecerse de insumos nacionales y favorecer los ciclos cortos, con anclaje del dinero", agrega el dirigente.
Otra fortaleza de la PAF en la calidad intrínseca: al iniciarse como una explotación para el autoconsumo, "la trazabilidad está dentro de la misma familia. Esto hace que el consumidor lo vea como interesante. Todos tenemos algo de agricultura familiar en nuestros gustos por el queso, el lechón o el huevo de campo, por el fiambre casero o el dulce artesanal", enumeró Tito.
No obstante abastecer el 40% de las hortalizas consumidas, el 30% de los lácteos y el 80% de las cabras o el algodón (sin olvidar el 88% del tabaco), la PAF necesita todavía superar algunos escollos estructurales para poder posicionarse en el mercado interno. "La tenencia de la tierra, la disponibilidad de agua en las zonas semiáridas o agua sana, no contaminada, en los planteos urbanos, y también el tema de la comercialización. El grito podría ser «déjennos vender», porque hay mucha normativa adecuada a la gran escala y no hay normativa diferenciada para la PAF, lo que le agregaría un verdadero valor", sentenció el director del Instituto.
También urgen medidas clave para contribuir al arraigo rural, como caminos, salud, educación y energía eléctrica. "El agricultor familiar está justo para abastecer el mercado interno, sabe hacerlo, tiene relación directa con el consumidor y una gran elasticidad, pero necesita de estas pocas cuestiones."
Hacia afuera
En otro sector del stand del INTA, se presentó en sociedad el proyecto para realizar una Guía de la Agroindustria Argentina , el primer compendio de empresas exportadoras del país. El instrumento está orientado a brindar un soporte a las misiones comerciales que van al exterior, para lo cual hará converger en una sola publicación toda la información sobre los potenciales proveedores internacionales.
Mario Bogliani, coordinador del área estratégica de agroindustria del INTA, explicó a LA NACION que la publicación estará traducida al inglés, portugués y ruso, y dividida en 15 rubros o segmentos, que van desde tecnologías, procesos y productos.
Se incluirá una caracterización de cada sector, y luego fichas individuales de cada una de las empresas que quieran adherirse a la guía. "Nosotros esperamos que esto se convierta en un instrumento de fomento y promoción." Para poder formar parte de la guía, las empresas deben ser argentinas, con perfil exportador y con productos de calidad y una escala adecuada para realizar envíos al exterior. La participación no será gratuita, "pero sí absolutamente accesible", aclara Bogliani. "La idea es tener 10 rubros listos para fines de 2008, y llegar a incluir a 100 empresas, en una primera etapa."