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Chozas tayronas devenidas spa
Los ecohabs son parte de un alojamiento de alta gama dentro del parque nacional.
SANTA MARTA (El Tiempo/GDA).- El arrullo permanente de las olas al chocar contra las enormes piedras volcánicas que yacen en la playa es la música de fondo de los días de descanso que se escurren sin que uno se dé cuenta en el parque Tayrona. Aquí, además de las carpas de viajeros norteamericanos y europeos que quieren encontrarse con la naturaleza, tienen su lugar quienes se desplazan de un país a otro en busca de comodidades.
En este parque nacional, cuyos servicios turísticos son administrados por la empresa Aviatur (más en www.concesionesparquesnaturales.com ), el confort y el lujo están en los 14 ecohabs , especie de chozas diseñadas con características de la arquitectura tayrona, un pueblo indígena que habitó la región por muchos siglos.
La apariencia, en este caso, engaña, pues aunque desde la playa se vean como simples albergues con techo de hoja de palma, en realidad son casas amobladas de dos pisos.
En el primero están el baño, la sala de estar y una terraza; en el segundo, la zona de descanso, con comodidades como hamaca, cama doble, aire acondicionado y cajilla de seguridad. Por supuesto, desde todas ellas se observa el mar.
Para completar la sensación de relax está el spa, en el que dos masajistas expertas ofrecen a los visitantes tratamientos corporales con sales del Mar Muerto; chocolaterapia, aromaterapia, y otros con yogurt y frutos salvajes.
Es la marca Gerard s la responsable de proveer al Spa Tayrona de los productos estéticos que allí se usan y venden. Aquí también es posible disfrutar de una excelente comida en su restaurante, que ofrece desde sofisticadas recetas internacionales hasta una sencilla hamburguesa, sándwiches, carnes, pescados o pollo a la parrilla.
Luego de haber disfrutado de un agradable almuerzo, una buena manera de hacer la digestión y desconectarse del mundo es emprender una descansada caminata junto al mar, hundiendo los pies en la arena y los ojos en el horizonte.
También es aconsejable trepar algunos metros hasta una de las rocas que dominan la orilla y contemplar cómo las olas arropan con espumas blancas las redondeces de las piedras y castigan con violencia sus paredes. El lugar, justo frente a los catorce lujosos ecohabs, es sagrado para los indígenas de la zona, que llegan hasta esta pequeña cumbre a presentarles a los dioses ofrendas extraídas de la tierra.
Desde allí arriba, donde alcanzan a aterrizar pequeñas gotas resultantes de los golpes del agua con las piedras, se comprende por qué no es recomendable nadar en la zona. Ante semejante panorama, los visitantes prefieren leer un libro. Otros se inclinan por caminar por la arena o ir a las playas más lejanas.
Los más aventureros piden la ayuda de un guía y toman el camino hacia el sur, entre ásperas rocas volcánicas grises detrás de las cuales salen corriendo iguanas de color verde encendido, y a través de blandas arenas café con leche entre las que están ocultas, en lugar de conchas, piedritas verdes, azules y rojizas.
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