A los 24 años, la cantante británica es tan famosa por su voz y su talento como por su constante presencia en la prensa amarilla
Podría ser la bruja psicodélica de un fantástico cuento para niños, con ese rodete espléndido, los ojos y las pestañas grandes, el delineador exagerado hasta el extremo y el lunar sobre los labios. Pero Amy Winehouse es, en realidad, la Cenicienta de esta historia. Una Cenicienta del siglo XXI, por cierto, que debe enfrentarse a un mundo hambriento en todos los sentidos y bastante menos colorido que el que viven las princesas de los clásicos infantiles; un mundo en donde las manzanas envenenadas se reemplazan por drogas duras y en el lugar de hermanastras chismosas y envidiosas hay tabloides de tinta amarilla; un lugar repleto de tentaciones donde hay más clínicas de rehabilitación que castillos y en el que popularidad, dinero y exposición mediática se suceden en forma de círculo vicioso. También hay un príncipe enamorado, pero como en este cuento nada parece obra de un alma sensible, el caballero está encarcelado desde hace seis meses por intento de soborno.
Por estos días, Amy Winehouse, ganadora este año de 5 premios Grammy que no pudo recibir personalmente debido a que le denegaron la visa para ingresar a los Estados Unidos, encabeza el ranking británico de los personajes con mayor espacio en los medios y ocupa el puesto 12, si se tiene en cuenta al resto del planeta, empujada por su última crisis, lo que confirma una tendencia que es signo de los tiempos: su fama crece a medida que su salud empeora.
Mientras un batallón de agoreros presagia otro cadáver joven para la mitología pop, muchos se preguntan qué ha hecho esta inglesa de 24 años para merecer eso. Primero, mucho antes que los papparazzi se obsesionaran con su bocota sexy y sus adicciones múltiples, cantar muy bien. Y desde los 13 años acompañó sus dotes naturales para el canto con una pasión desbordada -todo parece funcionar así en su vida- por la escritura. Una suma de cualidades que una década más tarde la posicionaría como la artista número uno del soul británico, con más de 8 millones de copias vendidas de su disco Back to Black , en el que canta cosas como: "El se va; el Sol se pone. Se lleva el día, pero soy adulta. Y en tu camino, en esta sombra azul, mis lágrimas se secan solas".
"Puedo expresarme por mi cuenta -dijo alguna vez acerca de sus composiciones-. No soy una idiota. No tengo miedo de mostrarme vulnerable. Escribo canciones sobre cosas personales que realmente no puedo dejar en el pasado y, una vez que escribí la canción, ya me siento mejor".
Back to Black , el disco de tono autobiográfico que incluyó el profético hit "Rehab" y que la postuló como "la mejor voz de su generación", le valió además la comparación con Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan, al mismo tiempo que su inclinación por la bebida y las drogas la ligó a otra diosa del Olimpo de las cantantes, pero con final trágico: Janis Joplin.
"Amy le devolvió el espíritu rebelde del rock and roll a la música popular", le dijo el prestigioso DJ Mark Ronson a la revista Rolling Stone para agigantar su leyenda. Aunque poco después, el mismísimo espíritu rebelde del rock and roll, Keith Richards (¿quién, si no?), advirtió públicamente a Amy acerca de las consecuencias de tantos excesos: "Esa chica no conseguirá mantenerse mucho tiempo en el negocio si no se endereza rápidamente. Amy tiene que ser lista". En versión criolla, algo así como si Charly García regañara a Pity, de Intoxicados, por sus malos hábitos.
A Amy no le importó demasiado y sin siquiera levantar polémica siguió cantando los versos preferidos de otra de sus composiciones autobiográficas: "Me engañé a mí misma, como sabía que haría. Te dije que soy un problema; sabés que yo no soy buena" ("You Know I m No Good").
La última caída
La semana pasada, luego de sufrir un desmayo, Amy fue internada de urgencia, una vez más, en una clínica londinense donde se atienden a reyes y jeques por igual. La chica que en 2007 fue protagonista de uno de los ascensos más vertiginosos de la industria discográfica de los últimos años, en 2008 fue la estrella exclusiva de la prensa amarilla a través de la publicación de fotografías en las que se la ve fumando crack en pipa o videos subidos en YouTube en los que ni siquiera puede mantenerse de pie.
A pesar de ello, los médicos le dieron de alta este jueves y su entorno -mánager, asesores, padre y madre- aseguró que Amy respetará los compromisos inmediatos. Al cierre de esta edición, la cantante se preparaba para subir y ser la gran atracción del escenario montado en Hyde Park, con motivo de celebrar los 90 años de Nelson Mandela y al que asistieron personalidades como los príncipes William y Harry, entre muchos otros hombres y mujeres del ámbito de la política y el entretenimiento mundial. También anunciaron que el próximo fin de semana participará del festival Rock in Rio Madrid, en la jornada que cerrará la cantante colombiana Shakira.
"Lo que ella necesita es aire fresco para desintoxicar su cuerpo y así poder hacer lo que más quiere en su vida: cantar", dijo Mitch, su padre, poco antes de que su hija dejara el hospital.
Cuatro años atrás, con envidiable instinto y admirable conocimiento de la industria musical, el periodista Garry Mulholland del periódico británico The Guardian se preguntaba: "Con una voz contundente, una mordaz forma de hablar y dos nominaciones para los Brits Awards, a los 20 años Amy Winehouse podría ser nuestra próxima superestrella. Ahora bien, ¿la industria podrá arreglárselas con semejante inusual, indiscreto y provocativo talento?"
Moviéndose con asombrosa naturalidad entre el cielo y el infierno, la Cenicienta de los vestidos extravagantes -suele liderar también las listas de celebridades peor vestidas- sólo parece confiar -en este caso sí, como todas las princesas de la fantasía infantil- en la fuerza redentora del amor: "Soy joven y estoy enamorada. Eso, para mí, es suficiente. No necesito nada más en el mundo".
5 Grammy se llevó en la última entrega de los premios, a la que no pudo asistir ya que le denegaron la visa a los Estados Unidos por sus problemas con las drogas.
20 millones de dólares es la cifra aproximada de su fortuna.
2 millones de dólares le ofreció el multimillonario ruso Roman Abramovich para que cante en una de sus fiestas privadas. Amy primero aceptó, pero a último momento rechazó la invitación por problemas de salud.
500.000 euros es lo que cobra de promedio por cada actuación en Europa.
8.400.000 copias lleva vendidas de su segundo álbum, Back to Black , editado en 2006.