En Beccar, la casa donde habitó la escritora Victoria Ocampo está abierta a las artes, con visitas guiadas y otros atractivos
Con una fantástica vista a las Barrancas de San Isidro, Villa Ocampo es literatura, cultura, historia y más. Sus señoriales salones son el reflejo de una época y de una figura que hizo época en la cultura argentina. Un paseo que bien puede llevar toda una tarde y que si se da con sol, mucho mejor, para aprovechar los senderos que recorren su fantástico parque.
Otra sugerencia: aprovechar las visitas guiadas que nos llevarán por cada una de las salas de la mansión, construida por su padre, el ingeniero Manuel Ocampo, e inaugurada en 1891 (informes@villaocampo.org). De estilo ecléctico, con elementos pintoresquistas ingleses, franco-victorianos, señales de composiciones renacentistas, elementos de inspiración medieval, y colores siena y ocre de cuño italiano.
La casa tiene tres plantas de unos 450 m2 cada una, sótano y galería de 80 metros; un lugar mágico que conserva el recuerdo de la fundadora de la revista Sur en cada rincón. Es que sigue siendo una casa, más allá de las lógicas restricciones para las cerca de 30.000 personas que la visitan por año.
"Villa Ocampo no es un museo estático. Todo lo contrario. Hay muchísimos objetos en exhibición, pero aquí también se viene a tomar el té, a escuchar música clásica en el jardín, a los talleres de arte, a las presentaciones de danza. No tenemos salas de espectáculos porque perderíamos parte de nuestra esencia. Esto fue una casa y lo seguirá siendo", asegura Nicolás Helft, director ejecutivo de Villa Ocampo, que encabezó la puesta en valor de la residencia, iniciada en 2003, tras años de abandono."Todo esto se financia como debe costearse un proyecto cultural: un mix de aportes públicos y privados. La Unesco cubre los gastos de la casa, pero la programación cultural se sostiene por su cuenta, con las entradas y también con el aporte de patrocinantes, empresas".
A partir de su minuciosa puesta en valor, la casa que la escritora donó en 1973 a la Unesco para la promoción, estudio, experimentación y desarrollo de la cultura, la literatura, el arte y la comunicación social, luce impecable. Sólo basta recorrer sus cuidados salones, observar los relieves de su fachada o disfrutar de las esculturas del parque: un escenario a cielo abierto que llegó a tener 10 hectáreas a fines del siglo XIX y hoy ocupa 10.000 metros, donde Borges posó para una foto cerca del legendario eucalipto; donde Wernher von Braun, uno de los más destacados diseñadores de cohetes espaciales del siglo XX, le contó a la dueña de casa cómo el hombre llegaría a la Luna, y donde Gabriela Mistral solía pasear para disfrutar de su rica variedad de especies.
Motivo de interés
Dos aspectos suelen alentar la llegada de los visitantes: los que vienen enamorados de la mansión, donde Ocampo se instaló definitivamente en 1941, y los que se acercan por el personaje. Para éstos, la biblioteca, en el primer piso, con anaqueles del piso al techo, es una parada obligadísima. Se trata de la biblioteca personal de Victoria: más de 11.000 ejemplares que hacen imposible su exhibición completa, y que se puede consultar previa autorización a biblioteca@villaocampo.org
"Si uno hace una corte transversal de la biblioteca puede reconstruir el itinerario intelectual de Victoria, sus preferencias, gustos y hasta sus olvidos, porque los títulos que no están aquí también son un dato interesante. El criterio de exhibición se hizo en función de la importancia que estas obras tuvieron para ella, pero también por sus rarezas o por el valor agregado de anotaciones personales o dedicatorias", explica Ernesto Montequín, encargado de la biblioteca y conocedor de la vida y obra de la escritora.
Este sector, que se complementa con el Centro de Documentación, tuvo este año una incorporación destacable: muebles originales, libros, unas 800 fotos de la escritora, además de artículos, discos y las copias de su profusa actividad epistolar. Todo formaba parte del archivo de la Fundación Sur.
"Es una biblioteca heterogénea, que revela un inagotable interés intelectual. Hay muchos policiales, en especial de Georges Simenon, que escribió unas 200 novelas, de las cuales casi un centenar están aquí. Es el autor más presente", afirma Montequín.
También hay libros de hinduismo, teosofía, esoterismo. "Aún en la vejez, ella seguía al tanto de las novedades que se publicaban en Inglaterra, Estados Unidos o París. A fines de los sesenta -explica Montequín-, Victoria rondaba los 80 años y estaba interesadísima en el movimiento de liberación femenina de Estados Unidos. Encargaba libros, leía a la estadounidense Susan Sontag, se interesó en el estructuralismo de Roland Barthes. Hay libros que, a priori, resulta extraño encontrar aquí, como El sistema de la moda , del mismo Barthes, o La rama dorada , del etnógrafo inglés James Frazer, una de las mayores recopilaciones de mitos de Occidente, en doce volúmenes, de los que se conservan poquísimos en Buenos Aires."
Las dedicatorias, preservadas con papel libre de ácidos (las tintas antiguas tienen un elevado nivel de hierro que va degradando el papel), cobraron un valor por sí mismas, como las de Borges, en la edición original de Fervor de Buenos Aires : "Al alma enhiesta de Victoria Ocampo o A Victoria Ocampo, estos perplejos borradores disfrazados de libros". O las de Jaques Lacan, escritas en español: "A Victoria, mujer de este siglo, única".
Pero como bien dice Helft, Villa Ocampo es mucho más que un museo. Por eso, antes de llegar hasta aquí es aconsejable consultar la programación, para todos los gustos. Un clásico es el ciclo TN, Siete Noches , de música, danza y teatro, que de mayo a noviembre incluye desde la ópera y el tango hasta las canciones griegas y mediterráneas.
La recorrida por la casa comprende el comedor, donde se realizaban los tradiciones tés y escenario del Diálogo de las Culturas que Victoria organizó en 1977; la sala de música, con sillones blancos que rodean la chimenea, coronada por un retrato de Victoria, realizado por Pascal Dagnan Bouveret (1910), y más allá el piano de cola, ejecutado por Stravinsky y García Lorca. También se visita el escritorio, la sala de estar y el hall central, con magníficas obras de Prilidiano Pueyrredón. En el segundo piso, la parte más íntima, los cuartos de huéspedes, su biblioteca, el baño y el dormitorio, ambientado, con objetos rústicos y clásicos. Allí falleció Victoria, el 27 de enero de 1979, a los 88 años.
"Hay documentación de las últimas cartas que intercambió con Mujica Lainez. En diciembre de 1978 él le confesó su deseo de verla en marzo, en la próxima Feria del Libro, pero ella le contestó: Que más te puedo decir, te quiero mucho . Casi no podía escribir", comenta la guía Malvina D?Alessandro, Agrega que el lugar es visitado por muchos extranjeros: "Chilenos, por la relación de Victoria con Neruda y Gabriela Mistral; mexicanos, por Octavio Paz, españoles, uruguayos y también franceses, que en su inmensa mayoría llegan con una idea acabada de quién fue Victoria".
La casa sufrió años de abandono y dos incendios. Uno en 2003, cuando se estaba por empezar la puesta en valor, que no ocasionó demasiados daños, salvo en la mansarda, donde no había elementos de valor. El otro fue a fines de los años cuarenta, con pérdidas importantes: muchas revistas literarias, libros, enciclopedias y ejemplares de Julio Verne, entre otros, que Victoria había leído en la infancia.
"Es la primera vez que visito este lugar. Se lo ve fantástico", comenta Gabriel Güemes, apoyado en su bastón, junto a sus hijos, con ganas de recorrer la casa. Para él, se trata de un reencuentro. "La conocí a los veintipico de años, en la casa de mis tíos, que vivían en Mar del Plata. Una noche me sorprendió la llegada de Victoria Ocampo, que tenía amistad con ellos. Presencié y compartí una cena, muy íntima, ¿cómo la recuerdo? Una mujer muy culta, amena y, sobre todo, divertida".
Apuntes
Obra póstuma . ¿Victoria dejó alguna obra inconclusa? "Se podría decir que es su Autobiografía , publicada tras su muerte. Son seis volúmenes que abarcan desde su infancia hasta poco después del nacimiento de Sur, a principios de los años 30", afirma Montequín. "Pero su prolífica actividad epistolar es su gran compensación. Escribía y recibía muchísimas cartas. Esto permitió conocer detalles de su relación con Stravinsky, Valéry, Borges. Dejó una inmensa obra póstuma en sus cartas, casi sin saberlo".
Para la guía D´Alessandro, gran parte de su legado está en sus artículos, en las revistas. "Ella dice que no se siente una escritora: Soy un ser humano en busca de expresión, escribo porque no puedo impedírmelo..., Eso fue, una cronista excepcional, una mujer franca, que no escondió nada, nunca".
Intima . Rosita Zemborain, sobrina de Victoria Ocampo, pasó hasta los doce años muchas temporadas en la mansión de San Isidro, que pertenecía a su abuelo. "Iba toda la familia. Mientras jugábamos la veíamos caminando, le encantaba caminar, y también era de muy buen apetito", afirma en su departamento de Buenos Aires.
Otra de sus pasiones era el cine. "Podía ir a la tarde al cine sola, y si la película le gustaba, invitaba a dos o tres amigas y la volvía a ver a la noche. Sé que le gustó mucho El Gatopardo , de Visconti, a quien admiraba. Siempre hablaba de cine", cuenta Rosita, que también tuvo participación en esta industria: fue productora ( La Tregua , entre otras), directora de arte, ambientalista, escenógrafa y vestuarista.
Del lugar de la casa que más disfrutaba Victoria, Rosita elige uno: su cuarto, adonde le encantaba estar. "Almorzaba toda la familia junta, pero los chicos no lo hacíamos en el comedor de los grandes, sino en lo que ahora es la confitería. Recuerdo las fuentes enormes de pucheros, los choclos...".
También recuerda la presencia en la casona de Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, María Rosa Oliver y otros. "Era un ciclón, una fuerza de voluntad impresionante. No se compadecía ni siquiera con la terrible enfermedad que tuvo al final de su vida. No se quejaba, era una persona vital, que iba para adelante".
Cuando Victoria murió, Rosita recibió una valija con ropa de su tía, prendas de terciopelo y algunas alhajas. "Conservo unos aros, muy clásicos en ella; de caracol de perlas, lindísimos", dice. junto a la fotografía de uno de los dibujos más conocidos de la escritora, realizado por Paul Helleu. Aparece con un sombrero de gran porte y está dedicado para ella, en francés.
Los jóvenes y el linyera . La vocación de Victoria por acercarse a las nuevas generaciones fue una constante. "Siempre tuvo interés por la gente joven. De hecho, muchos de los integrantes de la camada más joven de Sur la conocieron con unos 20 años y antes también, a partir de cartas en las que le expresaban interés por conocerla. Ella los citaba a esta casa, tenía una gran curiosidad no sólo literaria, sino también vital, por la vida de las personas, cómo eran, cómo vivían, cuáles eran sus sueños", comenta el especialista.
Un interés por la vida que también la llevó a tomar contacto, en sus caminatas por la parte baja del jardín, la más agreste, con un personaje de la costa sanisidrense: el linyera Mikele. "Allí vivía este italiano -cuenta Montequín-, que tenía cierta relación con las hermanas Ocampo. Incluso Victoria habla de él en algún escrito. Cuenta que visitando la Galería Borghese, en Roma, un cuadro le recuerda el rostro de este personaje entrañable de la zona."
Otras miradas
"En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo." (Jorge Luis Borges)
"Sur es la libertad de la literatura frente a los poderes terrestres." (Octavio Paz)
"Victoria Ocampo era por cierto una oligarca, pero no todos los oligarcas fueron Victoria Ocampo. Las damas de la alta sociedad, como se decía entonces, no empleaban su dinero y su tiempo en la difusión de las letras, ni abrazaban la causa del feminismo, ni transgredían las costumbres establecidas, ni se animaban a proclamar su agnosticismo..." (Juan José Sebreli)
"La veo sobre todo en Villa Ocampo, presidiendo la mesa del té, paseando por el jardín con la mirada puesta en el río distante, regalándome un jazmín del Cabo, ofreciendo a mi mirada curiosa las cartas de Valéry o de Tagore, conversando con Julián Marías, con Roger Caillois, con Lanza del Basto, con Graham Greene, con Vivian Leight.... la veo entre plantas: la Santa Rita en plena floración; el jazmín del cielo en celeste tan desvaído que parece blanco, en la glorieta; las achiras, la madreselva dulcísima?Se mueve entre magnolias y libros, en medio de la inteligencia, con la soltura que da el hábito." (Alicia Jurado)