La actriz y vedette se anima a un unipersonal de la mano del director Claudio Gotbeter, el autor del texto
Una nota corta sobre Sandra Villarruel, ¿se acuerda? Era Lolita, una de las gatitas y ratones de Porcel. Nunca se alejó del ambiente artístico, pero en este tiempo, con un poco más de ropa, se puso a entrenarse mucho como actriz dramática, de hecho, mañana, a las 21, estrenará Si alguien lo sabe por favor que lo diga , unipersonal con libro y dirección de Claudio Gotbeter, en el Espacio Colette del Paseo La Plaza, apto para toda la familia.
"El personaje se llama Cala y, como la flor, es muy exótica. Está llena de dudas e incertidumbres. Cuando leí el guión por primera vez pensé que no podía existir una persona así. Sin embrago, con el tiempo descubrí que esas dudas e incertidumbres son las mismas que de alguna manera todos llevamos dentro", desliza Villarruel, que luego de ser gatita de Porcel estudió actuación, narración infantil y danza jazz con importantes docentes como Norman Briski, Lito Cruz, Carlos Evaristo, Héctor Esteves y Moira Chassman.
"Ser gatita nunca me restó posibilidades en mi carrera como actriz", asegura.
Si alguien lo sabe por favor que lo diga es la historia de Cala, una mujer que, sobre la base del humor, intenta descubrir si está o no dormida. Su indagación la enfrenta a resultados absurdos y contradictorios por tener cada vez más conciencia de sus actos. El personaje avanza en sus pensamientos febriles y absurdos hasta quedar enredada entre la duda y la incertidumbre. Quién es mejor, ¿la que duerme o la que está despierta?, se pregunta.
"Cala dice que no puede conectar con nadie mirándolo a los ojos. Ella no se anima a mirar a los demás, pero tampoco se anima a mirarse a sí misma. Es muy disparatada, y creo que esa es la principal razón por la que el personaje cae muy simpático a los chicos", asegura la actriz a partir de la experiencia vivida en Mar del Plata el último verano, cuando se estrenó la obra.
Villarruel se considera una mujer muy machista, que entiende mucho a los hombres, y asegura que, al igual que todas las mujeres, a veces puede ser muy fastidiosa, como su personaje: "En un segmento de la obra, Cala dialoga con una voz en off masculina, y allí puede entreverse abiertamente esa cualidad femenina. En eso me siento identificada", admite la actriz que, en los años 80, además de su papel como gatita de Porcel, trabajó con Olmedo, Moria Casán, Nito Artaza, Emilio Disi, Don Pelele, Tristán, Guillermo Francella, Jorge Guinzburg, Jorge Corona y Alberto Locatti, además de hacer teatro y televisión en Chile, Perú y Paraguay.
-¿Recordás alguna anécdota de aquella época?
-Sí, en 1982 debuté como última bailarina en El loquero en la revista , con Olmedo, Porcel y Moria Casán en el Metropolitan. Tenía apenas 18 años y, apenas llegué, lo primero que me dijeron mis compañeras fue que ninguna bailarina subía al escenario sin conocer antes a Moria. Así que me acompañaron hasta su camarín para presentármela. Cuando crucé la puerta, me tropecé y caí de rodillas a sus pies. Había llegado, y me puse muy colorada.