Luciano Cáceres, en su rol de director, logra sostener un ritmo intenso
Creo en Elvis. Autor: Mariano Rochman. Intérpretes: Hernán Jiménez, Horacio Nin Uria, Joaquín Berthold, Daniel Campomenosi, Ideth Enrigth y Martín Kohan. Asesoramiento coreográfico: Cecilia Estévez. Escenografía e iluminación: Gonzalo Córdova, Facundo Estol y Marina Polonio. Vestuario: Sofía Di Nunzio y Emilia Tambutti. Dirección: Luciano Cáceres. Teatro El Grito. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: muy buena
Cuatro clones de Elvis Presley. Una mujer que responde a los intereses de la empresa Elvis Group Corporation y su torpe asistente. Un ambiente tecnologizado al extremo y dos historias en paralelo. En la primera, la intención de encontrar al rey del rock and roll, quien parecería no estar muerto. En la segunda, los clones ansían su libertad. ¿Por qué no la tienen? Porque poseen una misión: la de generar investigaciones que permitan encontrar a Elvis que, en apariencia, está escondido en algún lugar del mundo.
Esa búsqueda se torna cada vez más agotadora porque los resultados son siempre negativos. La Elvis Corporation no se resiste. Los clones deberán llegar a buen puerto, de lo contrario corren el riesgo de permanecer encerrados de por vida. Cada uno de ellos posee cualidades muy distintas, tanto en lo que hace a sus conductas como a sus físicos.
La historia resulta elocuente, toda vez que nos detenemos a observar cómo una gran mentira -la existencia de Elvis- genera la prisión para un grupo de seres creados por la ciencia. Ellos mismos sostienen un mito imposible de mantener y siguen inventando cuestiones inverosímiles para no aceptar que sus productos ya no poseen la eficacia para la que fueron creados.
La pieza de Mariano Rochman tiene un punto de partida muy atractivo y, aunque en algún momento de su desarrollo la acción se reitera, esto no imposibilita que el delirio de su propuesta resulte un ingrediente fundamental para seguir los acontecimientos que describe de manera vertiginosa.
En este aspecto, la puesta de Luciano Cáceres logra fortalecer muchas situaciones del texto y eso, a partir de la construcción de unos personajes muy sólidos y de sostener una acción de manera muy acabada. El proyecto gana porque el espectáculo se sostiene con un ritmo intenso y con un grupo de intérpretes que no se detienen en su búsqueda individual. Cada uno logra hacer que Elvis adquiera una vitalidad inusitada. En algún momento, esta historieta escénica hasta adquiere una fuerte tensión. Es ahí donde el drama se impone y la creatividad del director deja su marca.
Un muy creativo marco escenográfico de Gonzalo Córdova, Facundo Estol y Marina Polonia contiene notablemente a esos seres perdidos en el mundo contemporáneo. El vestuario de Sofía Di Nunzio y Emilia Tambutti también resulta un acierto para esta propuesta.