Familiares, amigos y colegas acompañaron los restos de Bartolomé de Vedia, y destacaron su calidez personal y su profesionalismo
Familiares, amigos y colegas, unidos por el profundo sentimiento de estar despidiendo a un gran hombre, acompañaron en la tarde de ayer los restos del periodista Bartolomé de Vedia en el cementerio de la Recoleta.
Vedia falleció anteayer, a los 74 años, en la ciudad de Buenos Aires, luego de varios años de luchar contra el cáncer. Había nacido en esta ciudad el 6 de noviembre de 1935.
Previamente al entierro, tuvo lugar una misa de cuerpo presente en la Iglesia del Pilar, que ofició el párroco Lorenzo de Vedia, hijo de Bartolomé, junto con el obispo auxiliar de Buenos Aires, Enrique Eguía, y otros dieciséis sacerdotes.
La iglesia se vio colmada por quienes quisieron acompañar a Vedia y su familia. En las primeras filas se ubicaron su mujer, Esther Olivera Vedia, sus hijos y nietos.
Durante la misa, distintas voces pusieron de relieve, con emotivas palabras, las sobresalientes virtudes humanas y profesionales de Vedia, un hombre de una religiosidad profunda.
Su nieta mayor, Mercedes, en representación de la familia, destacó: "Lo afortunados que somos de haber podido disfrutar de nuestro abuelo y de los valores y el amor que nos transmitió". "A los primos mayores nos toca transmitir estos valores a los menores y enseñarles lo que él nos enseñó", dijo.
Luego, Jorge Gallardo, por la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, definió a Bartolomé, que era académico de número de la institución, como "un argentino excepcional", de quien destacó su calidez humana y su pasión por la prensa libre y responsable. "Nuestro amigo deja un recuerdo ejemplar e indeleble", continuó.
Vedia también presidió por dos períodos la Academia Nacional de Periodismo, hasta octubre último. Su actual presidente, Lauro Laíño, en nombre de la institución, lo definió a su turno como "un ilusionado servidor del público [que] nunca olvidó el sentido social de las empresas de cultura que los medios constituyen". Y destacó, además, su prosa deslumbrante.
Un ejemplo elocuente
Julio Saguier, presidente del directorio de La Nacion, expresó a su turno: "Nos deja cuando el valor del oficio periodístico es incomprendido o menospreciado. Su ejemplo se vuelve más elocuente, más luminoso, en la medida en que la amenaza sobre la libertad de prensa nos hace percibir mejor el significado de esa libertad".
"Hoy despedimos a un eximio periodista y a un verdadero caballero. Pero, por sobre todas las cosas, le decimos adiós a un hombre bueno", finalizó Saguier.
Vedia había ingresado en La Nacion en 1957. Su primer destino fue el archivo del diario. Tras un breve tiempo de trabajo allí, comenzó lo que sería una destacada labor como crítico cinematográfico que lo llevó hasta llegar a desempeñarse como jefe de Cine, según se llamaba entonces la sección.
Luego se destacaría, una vez más, como eximio editorialista del diario hasta llegar a ser jefe de la sección Editoriales. Se había recibido de abogado en la Universidad de Buenos Aires (UBA), a una edad avanzada. Su vínculo con el diario era profundo y continuo, y hace pocos días atrás había escrito y entregado el que sería su último editorial.
Recuerdo imborrable
Pero, tal como se lo recordó en estos días, no sólo fue un gran periodista, sino un maestro de periodistas, y deja una estela imborrable en la profesión. Vedia desempeñó la docencia como profesor de Etica Periodística e Introducción al Periodismo, en la Universidad Católica Argentina; de Etica y Periodismo, en la UCES, y de Opinión Pública, en el Instituto Católico de Estudios Sociales.
Muchos profesionales de la redacción de La Nacion se acercaron ayer a darle el último adiós a un hombre que siempre ofrecía su serenidad, amabilidad y calidez.
Estuvieron el director de La Nacion, Bartolomé Mitre, junto a su mujer, Nequi Galloti; el subdirector del diario, Fernán Saguier; el secretario general de la Redacción, Héctor D?Amico; los prosecretarios Carlos Reymundo Roberts y Ana D?Onofrio, y los secretarios Claudio Jacquelin y Pablo Sirvén.
Además, se acercaron a la misa y posterior inhumación varios editores y redactores del diario, desde los más jóvenes hasta quienes fueron pares de Vedia, y periodistas de otros medios.
Hacia el final de la misa, se cantó el Salve en latín. Poco después, los presentes iniciaron el camino hacia el sitio donde desde ayer descansan sus restos.