Virginia Tola conquistó al público con su natural musicalidad y refinamiento
Recital de la soprano Virginia Tola, con el pianista Jorge Ugartamendia. Obras de Mozart, Cilea, Ravel, Charpentier, Gounod, Falla y Luna. Conciertos Pilar Golf. Auditorio.
Nuestra opinión: muy bueno
El sexto concierto de la temporada que coordina en el auditorio de Pilar Golf Graciela Nobilo, permitió apreciar los méritos de la soprano Virginia Tola, cantante argentina consagrada, que fue ganadora del concurso de canto 1999 Reina Sonja en Noruega (Oslo) y en el certamen de canto Operalia, que le significó actuaciones junto al tenor Plácido Domingo en teatros europeos y de los Estados Unidos y, lógicamente, en el Teatro Colón de Buenos Aires y en el Argentino de La Plata.
Un programa variado en estilos, conformado por arias líricas, la canción española y del mundo de la comedia musical, permitió apreciar su natural musicalidad, refinamiento e indudable experiencia para encarar con aplomo y gracia un género tan íntimo como exquisito, a partir de la buena idea de comenzar su recital con aquella hermosa aria "Io son l´umile ancella...", de Adriana Lecouvreur, de Cilea, donde la protagonista trata de explicar que no es más que una humilde servidora del genio creador con una versión sutilmente teatralizada con encanto, que suscita de inmediato una atención muy especial.
Versátil
Luego, Virginia Tola cantó con soltura todo su programa, desde "Dove sono...", de Las bodas de Fí garo, de Mozart, el perfume e inocencia de Louise y de Margarita, las heroínas de las óperas de Charpentier y de Gounod del gran repertorio de Francia, en todo momento encarado con la inteligente y sobria intervención del pianista y músico de raza que es Jorge Ugartamendia, quien, para provocar una corta pausa a la voz, ofreció un interludio con una muy acertada versión del primer movimiento de la Sonatina de Maurice Ravel, página nada sencilla, por cierto, que confirmó los quilates de un músico y noble pedagogo.
Y estas virtudes se reiteraron en la segunda parte, cuando Virginia Tola, luciendo mantón español, otro desplante en las miradas y en el movimiento, regaló una estampa impecable del maravilloso lenguaje de Manuel de Falla con sus Siete canciones populares , donde hay ritmo, estados de ánimo y de la vida cotidiana, y al final, de la zarzuela El niño judío , de Pablo Luna, con su encendida "De España vengo", joya del color y de la idiosincrasia.
Frente a la muestras de aprobación del público, bien perceptibles por el cálido aplauso, sobrevinieron agregados a cual mejor vertido; un pasaje zarzuelero de Chueca, la conocida "Estrellita de Ponce", un tema de la comedia musical My fair Lady y la pícara e inocente "O mio babbino caro", del eterno Giacomo Puccini; una delicia y broche de brillantes, para una noche en Pilar amable, sabrosa y refinada.