El tercer film de Diego Lerman tiene como figuras centrales a Julieta Zylberberg y Osmar Núñez
El Colegio Nacional de Buenos Aires, en tiempos de los enfrentamientos por las Malvinas. El dictador Leopoldo Fortunato Galtieri estaba por lanzar a Gran Bretaña su tristemente célebre provocación "Si quieren venir, que vengan: les presentaremos batalla". Era el principio del fin, la imagen visible de la decadencia, la misma que en el microcosmos de las aulas y los pasillos se manifestaba en reglas que se anteponían a la razón, incluso a las "ciencias morales" que fueron su base fundacional un siglo atrás.
La versión cinematográfica del libro precisamente titulado Ciencias morales , por la que Martín Kohan ganó el Premio Herralde en 2007, entusiasmó a Diego Lerman, autor de Tan de repente y Mientras tanto , dos importantes trabajos del cine indie local, así como del corto La guerra de los gimnasios .
El resultado es La mirada invisible , que pasado mañana estrenará Distribution Company. La película, con la que participó en la Quincena de Realizadores del último Festival de Cannes (dentro de poco llegará a un centenar de salas francesas), se prepara para concursar, en septiembre, en la sección Horizontes Latinos, en el Festival de San Sebastián.
La historia, un inmenso puertas adentro en el colegio de la calle Bolívar (que no pudo usarse como set, dice el cineasta, "sin una justificación del todo clara, aunque eso, a esta altura, poco importa", por lo que se recurrió a otros establecimientos de arquitecura parecida, como el Colegio San José y el Instituto Bernasconi), tiene como eje una historia que Lerman, en diálogo con LA NACION, define como "una fábula moral ambientada en la dictadura".
La mirada del cineasta está puesta en María Teresa, interpretada por Julieta Zylberberg (la actriz que supo dar muestras de su talento en La niña santa, Géminis y Cara de queso ), una preceptora introvertida y sexualmente reprimida que está obsesionada por aplicar las reglas del colegio a cualquier precio. Así, acepta la sumisión a Biasutto, el jefe de bedeles, casi un militar sin uniforme que piensa que "fumar en el colegio es el cáncer de la subversión" (encarnado por el ascendente Osmar Núñez, a quien últimamente se lo ha visto en cine en El nido vacío , Por tu culpa y Dos hermano s).
María Teresa, que descuida su vida personal cual personaje de Roberto Arlt, se encierra en uno de los baños masculinos con inodoro a la turca para escuchar y pispear por debajo de la puerta qué es lo que en realidad hacen allí los alumnos de su clase. Biasutto, que parece preocupado por su subalterna, esconde, seguramente, intenciones parecidas pero a la vez diferentes. Detrás de las formas y las reglas, quienes las aplican esconden perversión.
-¿Qué es lo que te entusiasmó del libro de Kohan?
-Primero, la trama en sí; una historia pequeña dentro de ese contexto; aquel 1982 de la decadencia de la dictadura y también que ocurra en esa especie de templo de la educación porteña, con una fuerte relación entre arquitectura y personajes, y que está contada desde el punto de vista de la protagonista, en un contexto pervertido.
-Una cuestión de climas?
-La novela tiene algo más intelectual, racional, de pensamiento. En mi adaptación, recurrí a lo sensorial, a que las canciones, el clima, la atmósfera fueran las que, a fin de cuentas, sostuvieran la trama, muy sencilla pero, a la vez, muy concreta. Hablaba de cierta de idea de género, pero también de una investigación y una obsesión, la de un personaje que lleva al extremo esas obsesiones.
-¿Tu meta fue la búsqueda de la tensión permanente?
-Como ya me había ocurrido con la novela, me interesó el fuera de campo, es decir, trabajar aquello que se ve, pero también lo que no se ve, que también está. Para mí, la película es este personaje en este contexto a través de esta trama, pero por detrás del personaje accedemos a todo lo demás. Por ejemplo, los alumnos son lo que ella ve y percibe de ellos, no como son en la realidad. El público accede a la historia a través de sus ojos. Quería reproducir un sistema de engranajes, el del poder y la concepción de esa mirada invisible que todas las partes tienen sobre ellas.
-¿Cómo trabajaste el tema de las escenas en el baño?
-El rodaje de la película duró siete semanas, una de las cuales transcurrió en forma total dentro de un baño. Me parecía interesante que lo más importante de la película tuviese lugar en un baño. La investigación que emprende María Teresa es alrededor del vacío, no obstante desde su construcción mental piense lo contrario. Lo cree y es allí, en el baño, donde aflora lo bajo.