Si prospera la iniciativa de la oposición en el Congreso de llevar el "piso" de las jubilaciones a un 82 por ciento móvil del salario mínimo vigente, el ingreso básico de los jubilados ascenderá de unos mil a unos mil quinientos pesos mensuales. Es un aumento insuficiente, pero, aun así, considerable. El Gobierno aduce que la nueva cifra demostrará ser de cumplimiento imposible y es, por lo tanto, demagógica.
¿Se está volviendo la oposición, entonces, "populista"? Hasta ahora el populismo, que consiste en halagar los oídos de los sectores de menores ingresos con promesas irreales, parecía exclusivo del kirchnerismo. ¿Quiere decir que ahora los opositores han decidido arrebatarle el poder de iniciativa a Kirchner, desbordándolo por su izquierda? ¿Quiere decir que, en lugar de "un" populismo, ahora tendremos un sistema "bipopulista" en función del cual tanto el ex presidente como sus adversarios compiten irresponsablemente por el favor de las capas más humildes del pueblo, con vistas a las próximas elecciones?
¿O nos hallamos en cambio no ya frente a un tema propio de la competencia electoral sino frente a un tema más hondo, más trascendente, que tiene que ver nada menos que con la justicia? Cuando Roberto Lavagna ingresó en el gobierno de Duhalde, le impuso un giro a la concepción económica al sostener que ella no debe diseñarse ya más sobre el supuesto de que los ingresos mínimos deben ser la variable de ajuste de los planes económicos sino que cualesquiera sean esos planes tendrán que respetar, por lo pronto, el consumo popular.
Si éste es el nuevo fundamento de la política económica porque responde a un imperativo de justicia, y si este fundamente está pasando a ser un nuevo rasgo tanto de nuestros gobernantes como de nuestros opositores, será necesario admitir que algo profundo, quizás decisivo, está cambiando en la Argentina más allá de las intenciones electorales de los contendientes.
Esta perspectiva en cierta forma revolucionaria, para prosperar, debiera someterse empero a las exigencias de un irrenunciable rigor fiscal. Si estamos aceptando de un lado y del otro de la frontera política que ya no podremos ignorar o demorar por más tiempo las exigencias de la justicia, esto significa que nuestra escala de valores está por cambiar. Tanto la asignación universal por hijo como la fijación de un ingreso mucho más alto para nuestros jubilados requerirán, en efecto, una máxima severidad frente a otros despilfarros como, por ejemplo, los que provienen de la política clientelística y los que insume el grave estado de corrupción que nos afecta, para que los números terminen por cerrar. ¿Estamos preparados los argentinos para acometer este esfuerzo gigantesco? Si lo estamos, nos espera un camino tan arduo como ascendente. Si no lo estamos, si no queremos escalar de veras hasta la altura de un nuevo país, todo se reducirá al contrario a otra reiteración de los fuegos artificiales que tantas veces nos han encandilado.