A un año del nacimiento del Fútbol para todos, se acumulan críticas, déficits y hasta denuncias
El contrato asociativo entre la AFA y el Estado reformuló las transmisiones televisivas del fútbol argentino. Sin publicidad privada por decisión política, el programa enfrenta críticas por su elevado déficit y la pobre calidad de imagen, y hasta recibe denuncias en la Justicia.
"El fútbol es marca registrada de los argentinos, es industria distintiva que no necesita ser subsidiada por el Estado. Los que escriben que el Estado va a subsidiar al fútbol, saben que el fútbol es un negocio extraordinario". Con esas palabras, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dejaba inaugurado un nuevo escenario en el fútbol argentino. A cambio de 600 millones de pesos anuales, la AFA se asociaba con el Estado para transmitir los partidos de primera.
A un año del anuncio, el Fútbol para Todos dista de ser un negocio extraordinario. Sin publicidad privada por decisión política, y sólo sustentado con la pauta oficial, el único ingreso que tiene el programa oficial es el de Iveco, que paga alrededor de 7 millones de pesos a cambio de ser el principal auspiciante del torneo. En la AFA reconocen por lo bajo que la falta de empresas perjudica al producto fútbol. Y que conspira contra el "negocio extraordinario" anunciado por la presidenta en el predio de Ezeiza, flanqueada por Diego Maradona y Julio Grondona. Según un informe publicado por LA NACION, la primera temporada de las transmisiones estatales tuvo un déficit de $ 409.349.991,60. La segunda temporada, que ya está en marcha, tampoco dará resultados positivos hasta que no se les abran las puertas a los auspiciantes privados.
Sin embargo, los responsables del programa son optimistas: "El Fútbol para Todos ha permitido una mejora notoria en la economía de los clubes", dice Horacio Gennari, uno de los integrantes del Comité de Gestión del Fútbol Para Todos. Y abunda: "Desde el punto de vista de la inclusión y masificación, el programa ha traído una mejora en la cobertura". La principal ventaja del contrato asociativo Estado-AFA está en la penetración de las transmisiones. Si antes, con el cable, los encuentros de primera llegaban al 10-15 por ciento de la población, ahora, la red de repetidoras de Canal 7 hace que cerca del 95 por ciento de los argentinos tengan acceso a los partidos. De todas maneras, en algunas ciudades del interior (como Mendoza) son reiteradas las quejas sobre la imposibilidad de ver los partidos sin tener un abono de cable.
De todas formas, a los tres integrantes del comité designados por la AFA (además de Gennari, revistan el abogado Raúl Borthwick y el ex presidente de Lanús Alejandro Marón) no les escapa que la calidad de las transmisiones dista de ser la que se observaba por TyC Sports cuando la empresa que tenía los derechos era Televisión Satelital Codificada (TSC). "Hay mucho para trabajar. Si tenemos que compararnos con la vieja pantalla, o sea TyC Sports, recién ahora estamos en una calidad comparable", afirma Gennari.
Lejos en el tiempo quedaron las palabras de la Presidenta sobre la comercialización de la pelota. Ni que hablar los millones de excedente sobre los 600 anuales que paga el Estado, que iban a ser repartidos entre la AFA y el deporte olímpico. "Este contrato que firmamos obligará a la reorientación de la pauta publicitaria del Estado para hacer frente a las obligaciones, luego será cubierta por la comercialización del producto", anunció la Presidenta.
A un año, el dinero proveniente de la publicidad privada llegó a $ 36,142 millones. Y durante la temporada 2009/10 hubo algo más de $ 200 millones de pesos invertidos en segundos de publicidad oficial. De ganancia, nada de nada. "Ese es, tal vez, el mayor talón de Aquiles del Fútbol para Todos hasta ahora", reconoce un dirigente de la AFA.
No hay motivos para pensar que la ecuación económica vaya a cambiar en los próximos meses. El Estado, en definitiva, terminó subsidiando al fútbol.