Bajo el sol californiano, una de las ciudades norteamericanas que más enamora a los turistas, con la diversidad, la tolerancia y lo natural como estandartes
SAN FRANCISCO.- "Acá sólo se comen los productos de temporada, sólo alimentos frescos. Esta es una de las ciudades más saludables de América." Tal vez la afirmación de Tom Medin, guía que ofrece un tour gastronómico por la zona de North Beach con degustaciones gourmet, sea un poco exagerada, pero no por eso menos cierta.
San Francisco, en la gran bahía de California, hace culto de la estética y la vida sana. Los lugares de comidas rápidas y hamburgueserías se cuentan con los dedos de una mano. En cambio proliferan los restaurantes étnicos y de cocina saludable.
La comida natural, orgánica y sin conservantes invade las góndolas en supermercados y ferias. Los habitantes conservan un buen estado físico, muy lejos del estereotipo clásico. La comida ayuda, pero seguramente también colabora subir a diario las empinadas y famosas colinas, y salir a correr o andar en bicicleta por el Embarcadero, como se los ve a diario.
En los rankings de calidad de vida la ciudad suele figurar en los primeros puestos en Estados Unidos. Este año, por ejemplo, en el estudio de la consultora Mercer Human Resource se ubicó segunda detrás de Honolulu.
Y también encabeza los rankings entre las preferidas por los turistas. En la encuesta anual que la revista Conde Nast Traveler realiza entre sus lectores ganó 17 veces consecutivas como la mejor ciudad de Estados Unidos para visitar.
Así que en una ciudad autoproclamada healthy , y para estar a tono, alquilar una bicicleta y lanzarse a recorrer San Francisco en dos ruedas resulta una experiencia de lo más recomendable.
Cuesta arriba
A pesar de las subidas y bajadas, es una urbe lo suficientemente compacta como para animarse a la bicicleteada.
Además, el tiempo suele ayudar, lejos de las temperaturas extremas de otras ciudades. Ni veranos calurosos ni inviernos bajo la nieve. Eso sí, ventoso casi siempre.
Aunque se pueden elegir recorridos más urbanos, como Castro, Mission la zona de Union Square, o incluso el Golden Gate Park, la gran costanera sobre la bahía (Embarcadero), el parque Presidio y el emblema de la ciudad -el puente Golden Gate- conforman un circuito imperdible y muy demandado.
Hacia ya fui, con bastante poco resistencia para subir las pendientes, pero con muchas ganas de descubrir una de las ciudades más fotogénicas, liberales y a escala humana de Estados Unidos.
El mercado del Ferry Building es un buen lugar para comenzar el día, antes de emprender la bicicleteada. El gran edificio construido en 1898, antes dedicado al transporte, ahora a la comida, está sobre la bahía, justo a la altura de Market St, una de las principales.
Los negocios están dedicados exclusivamente a paladares gourmet. La oferta es amplísima, desde quesos artesanales, pescados, carnes, especias de lugares remotos hasta locales con decenas de variedades de hongos frescos, aceites de oliva y fiambres.
Un buen lugar para desayunar y cargar energías antes de subirse a la bici.
Es sábado a la mañana y atrás del edificio funciona una feria al aire libre que vende productos orgánicos, con degustación incluida. Aunque el plan no sea hacer las compras para la semana, vale la pena probar la fruta y la verdura. Sin duda, eso de los alimentos saludables y naturales aquí se nota en su máxima expresión. Frutas y verduras de colores fuertes y sabores intensos, todos con el cartel de CCOF, la certificación orgánica.
Desde ahí el recorrido sigue por el Embarcadero y el Fisherman´s Wharf, bordeando la bahía, zona de buenos restaurantes, hoteles, museos y comercios, una de las áreas más turísticas de la ciudad. En el Pier 39 hay un gran paseo de compras al aire libre con juegos para chicos y el Acuario, que quedarán para otro momento.
Por ahora, terreno prácticamente llano, sin pendientes y en algunos sectores con bicisendas. Desde el Muelle Municipal, vale la pena el desvío, se obtiene una gran vista de San Francisco.
Lo que dejó el terremoto
Adelante se distingue el distrito de la Marina, una de las zonas más lujosas, con grandes mansiones, tiendas caras y restaurantes de moda, que tiene una historia paradójica: el desarrollo del lugar comenzó justamente con el terremoto y posterior incendio de la ciudad en 1906. Los escombros de los edificios se depositaron en esta zona pantanosa, como sólidos cimientos, y luego, en 1915, se realizó en la zona la exposición Panama-Pacific International, que le dio más protagonismo.
De aquella expo todavía queda en pie el Palacio de Fine Arts, actual sede del Museo Exploratorium, de ciencia y arte, en las puerta del Presidio, un antiguo sector militar y actual gran parque.
Aquí comienza lo mejor..., o lo peor, según como se mire: las empinadas subidas para acceder al Golden Gate.
El gran puente, emblema de la ciudad, fue habilitado en 1937, luego de cuatro años de construcción.
Los casi dos kilómetros y medio (incluyendo las áreas de aproximación) parecen eternos. Arriba el viento se encarga de desestabilizar al ciclista. Pero las vistas increíbles de la ciudad imponen paradas. Los ciclistas tienen un carril exclusivo, casi tan transitado como los seis de los autos, que obliga a conservar la derecha y mirar atrás a cada momento.
Del otro lado, Sausalito recibe con una gran costanera y restaurantes para un merecido descanso después de los más de 15 kilómetros de recorrido. Por supuesto que el regreso es en ferry (¡basta de pedales!) con suficiente espacio para las cientos de bicicletas que se embarcan luego de haber pedaleado por el ícono de San Francisco.