Además de un hijo adicto y preso, Michael Douglas debe enfrentar un tratamiento para luchar contra el cáncer de garganta
NUEVA YORK (Corriere della Sera).- La maldición está en el ADN. Era algo que sabía muy bien Michael Douglas cuando en abril último envió una carta de cinco páginas al juez a cargo del proceso por drogas contra Cameron, su hijo de 32 años. En esa carta, le imploraba clemencia al magistrado: "Detrás del abuso de drogas siempre están los genes, los padres y la familia".
Cuatro meses más tarde, otro drama aún más íntimo y, a la vez, inevitable vuelve a agitar la vida en apariencia dorada de una de las estrellas de Hollywood más amadas y más odiadas de su generación. "Tengo un tumor en la garganta y me voy a someter a sesiones de radioterapia y quimioterapia por unas ocho semanas", reveló la semana pasada al semanario People , y se declaró, además, "muy optimista" respecto de la futura evolución de ese cuadro.
Cuando entregó esta confesión pública, los estadounidenses recordaron otra: aquella entrevista con la cadena televisiva ABC, en 1996, cuando confesó una lucha de 20 años "para limpiarme de nuevo el cuerpo y el cerebro", rompiendo las cadenas de una múltiple dependencia: al alcohol, al tabaco, a las drogas y al sexo.
Un desafío nada fácil para el hijo del legendario Kirk Douglas, Issur Danielovitch Demsky según el documento oficial de identidad. "Conozco muy bien el dilema de no saber cómo hallar la identidad propia cuando se tiene un padre famoso", decía la carta escrita de puño y letra por Michael, dirigida en abril al juez Richard Berman e interpretada por todos los estadounidenses como un mea culpa público. Un reconocimiento explícito de culpabilidad por todos los males que persiguieron y castigaron a los antepasados y descendientes del mítico protagonista de Espartaco .
Sexo, tabaco y alcohol
En 1992, después de filmar Bajos instintos , Michael Douglas decidió internarse en una clínica de Tucson para desintoxicarse de sus adicciones a las drogas y al alcohol. Unos años antes, había ingresado en un establecimiento similar porque sufría de una incontrolable compulsión sexual. En ambos casos, había en Michael una fuerte voluntad de cambio y superación, pero los resultados eran frustrantes. "Fumar es desde siempre parte de mi vida y por esa razón no consigo desprenderme de este vicio", confesó en la vigilia del diagnóstico que hizo público la semana pasada y que los especialistas atribuyen precisamente al letal cóctel entre tabaco y alcohol.
"En lo que respecta a mi vida privada, este año ha sido durísimo para mí", dejó saber durante una entrevista concedida al día siguiente de conocerse la condena de su hijo Cameron, que deberá purgar cinco años de cárcel en vez de los diez que se habían evaluado originalmente, reducción que seguramente respondió al dramático alegato formulado por el padre.
"Mis prioridades han cambiado por completo. Con Cameron y con mi primera esposa, Diandra, me comporté como una persona ausente y no quiero repetir esa situación", agregó, recordando el durísimo juicio de divorcio con ella que debió afrontar en 2000. "Ahora, mi familia está por encima de cualquier otra cosa", precisó.
Tal vez alentado por esta postura, Michael y su esposa, la actriz Catherine Zeta-Jones, compraron una mansión en el archipiélago de las Bermudas, donde tienen la expresa intención de retirarse para que sus hijos puedan crecer lejos de Hollywood, de Broadway y de una vida que inmola hasta a las mejores dinastías.