El canal Volver emitió el sábado último, en su horario central, las imágenes de un recital en el que Sandro se reencontraba con el público argentino luego de cinco años de ausencia. Un acontecimiento que la TV de aquellos tiempos (1978) presentaba bajo la denominación genérica de espectacular y que fue transmitido en directo por Canal 13.
La recuperación de ese material en blanco y negro, registrado en el teatro Opera, no sólo resultó una proeza técnica de impecables resultados en materia de imagen y sonido. También dejó al descubierto que el jactancioso empleo de los archivos en el universo actual de la TV autorreferencial es pura fragmentación. Más que recuperar curiosidades o hallazgos, por lo general la búsqueda del pasado televisivo está guiada por una intencionalidad de bajo vuelo. Lo que importa no es el rescate del material de archivo en sí mismo, sino el empleo instrumental de esas imágenes a través de un montaje que desprende desde su armado inequívocos juicios de valor.
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Esa fórmula, que no ayuda ni al medio ni a los televidentes, quedó afortunadamente contrarrestada por lo que ocurrió el sábado en Volver. Al reponerse aquel concierto de 1978 en forma casi completa, cierto clima televisivo de época regresó en plenitud frente a nuestros ojos: el escenario, la platea, la atmósfera de un recital popular, la ubicación de las cámaras, la ejemplar presentación del gran Héctor Larrea (mucho sentido con pocas palabras) y hasta el estremecedor detalle de ver a Sandro encendiendo un cigarrillo (doloroso indicio de la enfermedad que lo llevaría a un prematuro adiós) durante una charla con Enrique Alejandro Mancini, otra muestra de qué tipo de televisión se hacía en esos tiempos.
Ocurrió el sábado último, en el cierre de una jornada que se abrió con la noticia de la muerte de Hugo Guerrero Marthineitz. No sabemos si se conservan registros de su paso por la TV. ¿Alguien habrá atesorado las grabaciones del antológico A solas ? Recuperarlas también ayudará a ejercitar la verdadera memoria televisiva.