Reclaman los empresarios un mejor clima para invertir
Preocupan la inseguridad jurídica y la hostilidad gremial, aunque admiten que la economía funciona
La imprevisibilidad jurídica, la mala relación entre las compañías privadas y el Gobierno, la hostilidad sindical y la falta de inversión fueron enumeradas ayer por empresarios argentinos como los principales escollos para que el país aproveche la inmejorable oportunidad que la coyuntura internacional le presenta para desarrollarse en los próximos años.
Ese fue el planteo más recurrente que se escuchó durante la conferencia anual del Consejo de las Américas y la Cámara Argentina de Comercio, delante de varios integrantes del gabinete nacional.
El encuentro venía precedido por un clima caldeado, debido al faltazo de los principales hombres de negocios del país al acto realizado el martes pasado, en la Casa Rosada, en el que el Gobierno atacó a los diarios La Nacion y Clarín por la compra de Papel Prensa.
La reunión invirtió esta vez el rol de huéspedes y anfitriones: como invitados estuvieron el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; el canciller Héctor Timerman y los ministros Amado Boudou (Economía) y Débora Giorgi (Industria).
El primero en cuestionar la situación en un panel fue Juan Bruchou, presidente del Citibank, que hizo una extensa disertación sobre las posibilidades que tienen el país y los mercados emergentes frente a las potencias, y la necesidad de mejorar la mala relación de las empresas con el Gobierno y el clima de inversión.
Pero minutos antes, por las radios, Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat, había reclamado seguridad jurídica, lo que provocó la ira de Aníbal Fernández. Rattazzi y José Ignacio de Mendiguren fueron los únicos exponentes de la junta directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA); la mayoría decidió no ir para no encontrarse con funcionarios. Dan por sentado un fuerte malestar en el Gobierno.
"En el mundo desarrollado, la tasa no sube -planteó Bruchou-. Nuestro cálculo es que en esta oportunidad se va a mantener hasta 2014 por lo menos. Los inversores buscan más retorno, pero no sólo por el diferencial de tasa, sino también por mejores fundamentals : más previsibilidad, menos vulnerabilidad, países con crecimiento. Se trata de una oportunidad espectacular porque hay mucho apetito por la Argentina, que tiene buenos indicadores". No obstante, el banquero dijo que, al salir al mercado, "la tasa que paga el Estado es más alta que la de los países de la región. El canje de deuda fue una señal muy buena, pero los inversores están esperando más. Hay que acercarse al Fondo Monetario, cerrar con el Club de París y mejorar el diálogo entre el sector público y el privado, y el clima de inversión".
Ya Carlos de la Vega, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, había aludido en la apertura a las últimas contingencias de Techint con los camioneros. Lo escuchaba el jefe de Gabinete. "Con relación a ciertos conflictos gremiales -dijo-, entendemos que deben cesar de aplicarse vías de hecho que afectan a empresas, empleados y consumidores. Tenemos presentes los casos en el comercio y ahora la siderurgia, en que, pasando por alto las instancias administrativas o judiciales previstas para la dilucidación de controversias gremiales o intrasindicales, una importante entidad gremial ha llevado adelante sus reclamos mediante acciones directas como bloqueos y cortes."
Fue el gran contraste de la conferencia: funcionarios pintando un panorama auspicioso y hombres de negocios convencidos de que las condiciones podrían ser infinitamente mejores. Débora Giorgi volvió a recordarles todas las inversiones extranjeras que, enumeró, la Argentina tuvo en los últimos meses y que ella ubica en los 1000 millones de dólares. Al salir, Aníbal Fernández dijo que Rattazzi opinaba según la pastilla que se tomaba a la mañana (ver aparte). "Pero ¿qué dije? Lo único que dije yo fue que había que respetar la Constitución", se preguntó después el presidente de Fiat ante LA NACION. Mendiguren prefirió no hacer declaraciones. El acto presidencial del martes está aún en todas las charlas.
¿Por qué no fue a la Casa Rosada el martes?, preguntó LA NACION a Eduardo Eurnekian. Siempre imperturbable, el empresario de los aeropuertos se mostró por una vez levemente inquieto. Sonrió, amagó con dar media vuelta y volvió a acomodarse para contestar, inusualmente divertido: "Sí que estuve, cómo que no". Se le objetó que no se lo había visto. "Usted no me vio, pero yo estuve a través de la representación de la Cámara de Comercio: fue el presidente, Carlos de la Vega", remató.
Momentos antes, el argentino Gabriel Torres, vicepresidente y analista senior de deuda soberana de la calificadora Moody´s, había metido el dedo en la llaga. "El mercado no utiliza los números del Indec. Nadie negocia salarios con las cifras oficiales", dijo, después de haberles dado la razón a los funcionarios que habían hablado bien del momento económico nacional.
Torres explicó por qué la Argentina tenía menor calificación que el resto de la región. "Yo coincido con los funcionarios -dijo-. El país tiene desde hace tiempo superávit, crecimiento. Pero las limitaciones, en particular, tienen que ver con las instituciones y las políticas públicas. A la Argentina le cuesta resolver sus diferencias dentro de un régimen institucional establecido. Tiene imprevisibilidad en las instituciones. La mayoría de la región ha encontrado esta vía política. Antes era sólo Chile y ahora son todos, desde Brasil, Perú y Colombia hasta Bolivia, dentro de los problemas que tiene. Pero la Argentina entra en crisis en áreas en que no debería. El mejor ejemplo fue la crisis agropecuaria de 2008, en medio de altísimos precios internacionales."