El matrimonio Kirchner nunca tuvo una relación sencilla con el empresariado. Ni con el local ni con el extranjero. Es verdad que algunos líderes empresariales han aparecido como elogiadores incondicionales, pero incluso casi todos los más favorables al matrimonio presidencial se negaron o se excusaron de participar en la presentación del informe con acusaciones contra los socios privados de Papel Prensa.
Los funcionarios se esmeraron por tratar de colocar bien adelante a los empresarios más prominentes en el acto, pero no lo lograron simple y sencillamente porque casi no había ninguno. Angelo Calcaterra fue la excepción, y las cámaras de la TV oficial enfocaron su poco conocido rostro. Sin duda, habría sido mucho más redituable para el Gobierno mostrar el de su tío, Franco Macri. ¿Fallaron los Kirchner en reunir a los empresarios en un acto que estaba planeado desde casi un mes antes? Las diversas excusas de viajes y enfermedades fueron las herramientas de los que no quisieron ser demasiado rudos.
Muy pocos se arriesgaron a quedar en una foto histórica cuando el riesgo era una acción intempestiva y arbitraria contra empresarios periodísticos. "Al final, fue el grito de un ratón", dijo uno de los que no asistió y que calculó que "seguramente la Presidenta se dio cuenta de que iba camino a hacer el ridículo".
Muchos creen también que el gran perdedor en la puesta en escena fue el impulsivo Guillermo Moreno y sus métodos violentos. ¿Significa un cambio de actitud de parte del Gobierno? No parece. La embestida continuó los días siguientes. Ayer, el Gobierno reaccionó indignado ante unas declaraciones muy razonables del presidente de Fiat Argentina, Cristiano Rattazzi, quien pidió reglas de juego estables.
En tanto, en la reunión del Council of Americas, los funcionarios disertantes se empeñaron en mostrar todas las ventajas que tiene la Argentina para que se radiquen inversiones. Como Cristina Kirchner, sus secretarios creen que lo único que interesa a un inversor es la perspectiva de rentabilidad. Parecen no entender que no importa cuánto crezca la economía si el hijo mayor de Hugo Moyano puede bloquear casi durante una semana las plantas de Techint, mientras Néstor Kirchner acepta ser parte no de uno sino de dos actos en dos días consecutivos encabezados por el líder camionero.
Sorpresivamente, ni siquiera los otrora combativos sindicalistas de la UOM se mostraron nerviosos porque otro gremio los pusiera al borde de la paralización de la producción. Tampoco los de Smata, que lograron jugosos aumentos salariales gracias al crecimiento de la demanda, se quejaron cuando se puso en peligro la producción de automóviles por la falta de abastecimiento.
El clima de negocios no puede ser más adverso en una economía que, sin embargo, crece. El Gobierno no admite que sus acciones dificultan que aumenten las inversiones y el empleo, lo que podría mejorar mucho las expectativas, que es lo que los Kirchner creen que los ayudaría a quedarse en el poder.