Con la orquesta y el coro de Alla Scala ofrecerá Aida y la Misa de réquiem
La maratónica serie de conciertos que dirige Daniel Barenboim en Buenos Aires está llegando a su fin. El ciclo está compuesto de once conciertos: nueve en el Colón (en algunos casos, programados por el teatro; en otros, por el Mozarteum Argentino); uno en el teatro Gran Rex y otro, en la avenida 9 de Julio, al pie del Obelisco, donde, según los cálculos del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que organizó la presentación, se realizó ante unas 50.000 personas.
En todas esas actuaciones, Barenboim subió al escenario con músicos de la Orquesta West-Estern Divan, que reúne a intérpretes israelíes y palestinos. Con ellos interpretó el ciclo completo de sinfonías de Beethoven y, en otras presentaciones, obras contemporáneas como Dérive 1 y Dérive 2 , de Pierre Boulez, para conjunto de cámara.
Este fin de semana, abordará programas diferentes, con otra formación, la Orquesta y el Coro del Teatro Alla Scala de Milán. Mañana y el martes será el turno de la ópera, y pasado mañana, de uno de los más famosos réquiems. En ambos casos, las partituras son de Giuseppe Verdi.
El primero de estos títulos es Aida , la ópera en cuatro actos con música de Verdi y libreto de Antonio Ghislanzoni. En los roles principales estarán Oksana Dyka (Aída), Ekaterina Gubanova (Amneris), Salvatore Licitra (Radamés), Kwangchul Youn (Ramfis), Carlo Cigni (Rey de Egipto), Andrzej Dobber (Amonasro), Antonello Ceron (Mensajero) y Sae Kyung Rim (Sacerdotisa).
Y la Misa de réquiem , que Verdi escribió en 1874 para solistas, coro y orquesta, se verá y escuchará pasado mañana, dentro del ciclo de Abono Bicentenario. Además de la orquesta y el coro con dirección de Barenboim, participarán los solistas Marina Poplavskaya (soprano), Sonia Ganassi (mezzosoprano), Giuseppe Filianoti (tenor) y Kwangchul Youn (bajo).
Estas son dos buenas oportunidades para escuchar a los organismos de la Scala que llegaron especialmente para estas actuaciones, tras varios meses en los que, en su propia casa (como también sucedió en otros teatros italianos) hubo medidas de fuerza contra nuevas legislaciones del gobierno de Berlusconi.