Más de 140 personas viven en las plazoletas y veredas a lo largo de la avenida, entre otras zonas ocupadas; abusos de drogas y alcohol
Una fogata mitiga el frío de una veintena de personas en una de las plazoletas centrales de la avenida 9 de Julio, entre Viamonte y Córdoba, en pleno centro porteño. Allí, cuatro chozas, armadas con bolsas y viejos cartones sostenidos con hilos de nylon y alambres, forman parte de un campamento que hace más de un mes se instaló en esta zona muy transitada durante el día, pero donde, por la noche, domina la desolación y la inseguridad.
Hoy, a lo largo de la avenida 9 de Julio, existen varios puntos críticos donde grandes y chicos, incluso familias, han encontrado su lugar para vivir en precarias guaridas. Allí no sólo duermen, sino que también se alimentan y hasta se bañan, según contaron vecinos y comerciantes. Unas 140 personas se instalaron recientemente y pernoctan en toda la avenida, según relevó LA NACION en una recorrida realizada en los últimos días. Además, un centenar está instalado desde hace tiempo bajo la autopista 9 de Julio Sur, frente a la Plaza Constitución.
Un panorama similar se advierte bajo las recovas de la avenida Alem y de Hipólito Yirigoyen. En esta última se enrejó la parte del edificio de la AFIP para evitar la habitual instalación de homeless .
Las "ranchadas", como se autodenominan los distintos grupos que han ganado posición en diferentes puntos de la avenida 9 de Julio, llevan adelante distintas actividades: algunos limpian vidrios en los semáforos, otros cartonean, otros están a la expectativa de alguna changa y otros alimentan el ocio fumando o tomando alcohol.
El principal asentamiento, que no es nuevo, cuenta con precarias construcciones de hasta tres ambientes y está en uno de los laterales de la Plaza Constitución, debajo de la autopista 9 de Julio Sur. La ocupación comienza 200 metros antes de la estación y continúa hasta la altura de Brasil. Allí suele concentrarse hasta un centenar de personas.
Otro punto crítico está entre Tucumán y Lavalle, frente al hotel Panamericano. Ese espacio verde fue prácticamente tomado por cartoneros que acopian material reciclable y luego pernoctan allí.
"Hace más de un mes que están acá. A veces los sacan, pero vuelven. El problema es que dan un mal aspecto para el turismo, porque durante el día puede verse cómo se bañan", dijo el empleado de uno de los hoteles de la zona, que pidió resguardar su nombre por una cuestión de seguridad.
Entre Sarmiento y Perón, también hay otro campamento de personas que duermen bajo cartones en forma de carpa, precisamente en una zona que no está bien iluminada. Algunos comerciantes consultados por LA NACION indicaron que en la avenida 9 de Julio de noche se producen robos, especialmente en las zonas cercanas a los hoteles y en algunos semáforos.
"Aquí se vino a vivir la gente que antes estaba bajo la recova del ex edificio del Plata [Carlos Pellegrini al 200], que, con las reformas, ya no tuvieron más lugar para cobijarse", dijo un comerciante. Precisamente, frente a ese edificio, un grupo de cinco chicos no mayores a 15 años, escondidos en un juego de plaza, aspiraban pegamento en una bolsa de plástico.
Más campamentos
A lo largo de la 9 de Julio, se advierte que hay personas durmiendo bajo mantas. En total, el jueves por la noche se contabilizaron cuatro campamentos semiestables. Cuando LA NACION recorrió la zona, advirtió que unas 65 personas dormían o se aprestaban a pasar la noche allí en algún recoveco de las plazoletas.
Hay más: en Lima y la subida de la autopista Arturo Frondizi (hacia Avellaneda) una familia vive en un sector verde que incluso había sido cercado por la ciudad para evitar, precisamente, que personas sin vivienda se instalaran allí.
"Desde hace cuatro años que la gente se va renovando e instalando aquí. Es una costumbre, y nadie los puede sacar, contó un empleado de seguridad de canal 13, a metros del lugar en cuestión, en Constitución.
Durante el día, la imagen es similar, aunque con más movimiento. Desde las 8, las personas que pernoctan bajo la autopista empiezan a planear cómo se ganarán su plato de comida. Provistos de carros de supermercados salen a cartonear o a buscar algo que sirva para llevar a sus refugios.
En la zona de Tribunales sucede algo similar. Los hombres que pasaron la noche en las inmediaciones de la plaza Lavalle buscan alguna canilla pública para higienizarse. También aprovechan para lavar alguna prenda que dejan colgada al sol. Más tarde, buscarán algún método para sobrevivir un día más.
Pero no se trata solamente de personas sin techo. Las autoridades locales afirman que muchos cartoneros que usurpan calles tienen vivienda en la provincia de Buenos Aires.
La inseguridad en las inmediaciones de la 9 de Julio se percibe de día y de noche. A plena luz del día un fotógrafo de LA NACION fue víctima de ella frente al Teatro Colón. A pesar de la cantidad de gente que pasa por esa zona de lunes a viernes, punguistas arrebataron su equipo fotográfico. En la noche del jueves, se contabilizaron una decena de policías que custodiaban las plazoletas de toda la avenida.
Lo paradójico es que en el centro de la avenida más ancha del país está el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en el cruce con Belgrano. Si bien es el gobierno porteño quien debe asistir a las personas que viven en la calle en la ciudad, el edificio construido en el medio de la avenida funciona como una suerte de mirador preferencial de una situación que ha empeorado de manera notoria en los últimos tiempos.